Las mujeres somos sorprendentes: trabajamos, nos conducimos con maestría entre la familia, los amigos y el hogar. Ayudamos al necesitado, pero con frecuencia no escuchamos nuestro grito interior en busca de ayuda para realizar un cambio vital que dé como resultado una existencia placentera.
Si te cuestionas: por qué siempre trato de servir a los demás y no pienso en mí, me siento demasiado...








