Una mujer le había hablado de los esteros de Iberá como del último rastro de una geografía anterior a la Historia. En su momento él prefirió ignorar el nombre de esa mujer, dejar el recuerdo de esa noche en un limbo donde flotaban otros recuerdos, anteriores y sin nombre. Ahora, en la luz dorada del crepúsculo, como llamado por el paisaje, el rostro que se había deslizado en su memoria...
















