Con su peculiar sentido de la ironía, Irving relata los avatares que suelen acompañar la transformación de una novela en un largometraje: la sensibilidad e inteligencia del director, la necesidad de acortar los diálogos y comprimir escenas, la eliminación de personajes, incluso la creación de otros nuevos. Divertido y fascinado a la vez, el lector descubre en estas páginas los infinitos...
























