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Editorial Planeta, 07/08/2017

Landerretche después de la posverdad

A partir del atentado que vivió en enero, el presidente de Codelco decidió escribir un libro en el que aborda el tema de la posverdad. El ensayo llega a librerías en medio de la controversia entre Codelco y Contraloría, que hoy está en tribunales.

Fue poco tiempo antes de que ocurriera el atentado. Lo recuerda perfecto Óscar Landerretche (44): su hija de once años estaba interesada en entender lo que ocurría, en ese entonces, en Estados Unidos con Donald Trump, la posverdad y su reciente elección. Juntos veían MSNBC, se informaban. Pero ella quería saber más, comprender mejor qué ocurría allá. Así que Landerretche recordó una serie de hace unos años que ya tocaba todos estos temas: The Newsroom. La vieron juntos. La disfrutaron. Él, que ya la había visto hacía años, volvió a quedarse detenido en un capítulo de la segunda temporada: ese en el que intentan asesinar a una parlamentaria y la cadena de noticias se debate entre si dar o no la noticia de su supuesta muerte. No han podido verificar si es cierto, pero otros canales ya lanzan la noticia. Los periodistas discuten con el gerente general, quien les exige que salga la noticia al aire, pero ellos se niegan. La discusión sube de tono. Se van a comerciales. Unos minutos después confirman que la parlamentaria está viva. El capítulo tiene un final feliz. La posverdad —ese término que aún no existía en ese momento— es derrotada.

 

Landerretche recuerda el capítulo, recuerda ese día cuando lo volvió a ver con su hija. Y recuerda, también, ahora, sentado en su oficina de Codelco, que pensó en ese capítulo aquella tarde del pasado 13 de enero, cuando abrió un paquete en su casa y se detonó un artefacto explosivo entre sus manos, hiriéndolo en los brazos y el abdomen.

 

“Veo a la gente agarrándose de los mecanismos y técnicas de la posverdad para ver quién puede ser el próximo Donald Trump”.

 

Se acordó de The Newsroom porque cuando empezó a correr la noticia, rápido, por redes sociales, el panorama que se describía era este: que estaba herido de extrema gravedad, que su mujer estaba muerta, que sus hijas, que sus hijos, que el atentado había sido letal. Pero nada de eso era cierto.

 

Lo que sí era cierto era esa bomba que le explotó en las manos. Sin embargo, en un primer momento, no se dio cuenta de las heridas que tenía. Debieron forzarlo, de hecho, a ir al hospital. Pero antes de que ocurriera eso, buscó su celular para llamar a su gerente de Comunicaciones: tenía que haber un comunicado que dijera con claridad que no había nadie herido gravemente. Le dictó las palabras y se subió el comunicado a la web de Codelco.

 

—Fue lo primero que hice porque no quería que mis familiares, mis amigos, se preocuparan. Y a pesar de eso, a pesar de que cualquier persona que estaba reporteando esto bastaba con que mirara el sitio de Codelco o que hablara con La Moneda de lo que había ocurrido, a pesar de eso, hubo gente que puso que mi mujer estaba muerta. Mi hijo mayor, que estaba en el sur con poca conexión, durante mucho rato vio las noticias de su madre. Cuando logramos comunicarnos, estaba paralizado. Costó mucho convencerlo de que nada de eso era cierto. Fue una cosa terrible y me hizo más palpable lo dañinas que pueden ser las dinámicas detrás de la posverdad —reflexiona ahora Landerretche, a más de seis meses desde el atentado.

 

Fue entonces cuando pensó que debía escribir un libro.

 

Los primeros recuerdos de infancia que tiene Óscar Landerretche ocurren en Inglaterra, un país que sería clave en su formación. Porque si bien nació en Santiago en 1972, poco después del golpe su familia se refugió en la embajada de Colombia y de ahí, en 1974, partieron a Bogotá. En esa ciudad sus padres tuvieron que trabajar en lo que pudieron, hasta que consiguieron una beca para irse a Oxford. Entonces, empiezan los recuerdos de Landerretche. Por ejemplo, ese donde está con un libro, acompañando a su padre en la biblioteca de la Universidad de Oxford, donde trabajaba en sus ratos libres. No tenían plata para dejarlo al cuidado de alguien, pero su padre —quién sabe cómo— había convencido a sus jefes para que dejaran que ese pequeño niño lo acompañara, en silencio, rodeado de libros.

 

O, por ejemplo, también está ese otro recuerdo, en la casa que arrendaban en Gloucester, una ciudad obrera, el único lugar que podían pagar. Ahí están ellos —su padre y su madre— en el living, sentados, cada uno al extremo de una mesa llena de libros. Una mitad para él y otra para ella, dos lámparas y un pequeño Óscar Landerretche conviviendo con esos libros, con esos padres que estudiaban y estudiaban, por curiosidad, por buscar una mejor vida.

 

En ese ambiente intelectual creció Landerretche, quien volvió a Bogotá junto a sus padres y vivió los ochenta ahí, estudiando en el mejor colegio de la ciudad. Ya en ese momento le gustaba leer muchísimo, le interesaba la historia y tenía talento para las matemáticas. No iba a ser fácil la elección de qué estudiar. Y todo se complicó cuando sus padres le informaron que volverían a Chile, pues la violencia por el narcotráfico en Colombia era cada vez mayor.

 

—Fue muy difícil volver. Era 1990. En esa época todo era oscuro, gris, deprimente. Y había mucho miedo. Miedo a los militares, miedo a transgredir la norma, miedo a pensar. Miedo a uno mismo, incluso. Miedo a descubrir que uno tiene razón o que está equivocado. Miedo a perseguir tus propias convicciones, miedo a explorar hasta dónde te la podís. Miedo, miedo, miedo. Muchas de las trancas chilenas hasta el día de hoy tienen que ver con eso.

 

Entró a Economía en la Universidad de Chile y ahí se obsesionó con los estudios. Después descubrió que quería desarrollar una carrera como académico, y en eso ha estado en estos años hasta que en 2014 le propusieron ser presidente del directorio de Codelco y aceptó. Empezó a hacer reformas internas en la empresa y vino el atentado y apareció la idea del libro y ahora ya es real: Chamullo. Lo público en la era de la posverdad, publicado por Planeta, acaba de llegar a librerías y es el primer ensayo chileno dedicado al tema. Un texto tan erudito como personal, en el que Landerretche hace un recorrido que busca dilucidar la importancia de la información —y de los hechos verificables— en estos tiempos de tanto chamullo y tanto ruido. Un libro que escribió intensamente durante el segundo trimestre de este año, donde contó con la ayuda de su círculo más cercano para robarle horas al día y así poder avanzar en la escritura.

 

—En el libro cuentas que venías dándole vueltas hace tiempo a muchas de las ideas de Chamullo…

 

—Uno, como cualquier persona inteligente, sensible y compasiva, tiene que estar aproblemado con lo que llaman la posverdad, que es que están resurgiendo ciertos espíritus animales fascistoides. Está pasando con internet, que considero que es una cosa buena, que tiene fenómenos económicos, culturales, supercomplejo e interesantes. Pero tengo que decir que ya se están observando vicios que tienen que ver con que los espíritus animales tú no los regulas. O sea, cuando internet se vuelve un lugar en que un grupo de personas le hace bullying a alguien y esa persona termina amenazada de muerte, ¿qué es eso? O sea, para algo existe el Estado de derecho.

 

—También dices en el libro que escribirlo fue una forma de sanación por lo del atentado. ¿Qué respuestas encontraste en ese proceso?

 

—El atentado lo atribuyo a las reformas que he estado tratando de hacer en esta empresa y a los intereses que hemos tocado. Vivimos en la era del tuitero indignado, que pide que las instituciones sean limpias. Me atrevería a decir, con algo de pudor, que he tratado de ser un presidente de Codelco a la altura de lo que piden esos indignados. Cuando me piden cosas que no corresponden, pienso que hay que decir que no, sin importar el costo político. Cuando alguien nos eche la choreada, mantenerle la mirada. Y descubrir que eso puede poner en peligro tu vida y la de tu familia… Viví en Colombia y sé que hay lugares en el mundo en que era así, pero en la educación que me dieron mis papás me había convencido de que Chile no era así.

 

—Debe haber sido muy desconcertante todo…

 

—Al final del día estamos tratando de preservar una sociedad libre, construir un país más equitativo y justo, pero sobre la base de un sistema decente con gente decente. No con dictadorzuelos ni grandes caudillos. Con una cosa republicana, que está en peligro en este momento. Eso era importante decirlo en el libro. Siento que la política se ha deteriorado mucho, y en gran medida tiene que ver con estos fenómenos que estoy discutiendo acá. Me ha pasado en el proceso de Codelco, incluso antes del atentado, que uno dice: hemos hecho todo esto, hemos asumido todos estos costos —personales, políticos, emocionales— superduros, ¿para qué? Para qué, si mira cómo se comportan. Es muy significativo para mí este libro. Lo que me estaba pasando era que no sé si uno pueda, con integridad, formar parte del mundo público que se está creando a raíz de la posverdad.

 

—¿Cómo es ser el presidente de la empresa más importante de Chile en esta era de la posverdad?

 

—Nadie se ha atrevido a acusarme directamente de nada porque, además, les iría muy mal, pero han insinuando que uno protege cosas cuando, en realidad, si uno mira lo que he hecho aquí, es todo lo contrario. Imagínate lo terrible que es para una persona que viene a hacerse cargo, un socialista chileno, exiliado, economista, que me ponen a cargo de la empresa que nacionalizó Allende, con la misión de demostrar que es posible tener una empresa 100% estatal que sea competitiva, que tiene la convicción de que, para eso, tiene que erradicar las malas prácticas, y decirles que no a los mismos políticos que se supone que son de tu lado. Y empiezan con falsedades. Toda esa dinámica en que actores públicos hacen insinuaciones, operaciones de posverdad, y en medio de eso te hacen un atentado… Es muy complejo, porque uno tiene ciertos deberes históricos. Pero también tengo límites. He sido criado con esta cosa del deber de luchar. Pero uno no lucha solo y no veo a la elite chilena y al sistema público luchando en contra de la posverdad, veo a la gente agarrándose de los mecanismos y técnicas de la posverdad para ver quién puede ser el próximo Donald Trump, y yo no quiero ser parte de eso.

 

—¿Por qué seguir a la cabeza de Codelco, entonces?

 

—Primero, por el hecho de que hayan intentado sacarme del juego, seguramente las personas que protegen sus intereses, no los voy a dejar ganar. Algo me queda de vasco testarudo. Por lo tanto, no van a ganar, así que voy a seguir hasta el final. Voy a dejar esto lo más ordenado posible, he tenido la suerte de tener un equipo extraordinario, con Nelson Pizarro y su gente, un directorio que ahora funciona como relojito, entonces voy a cumplir mi trabajo. Además, la política chilena está en un estado de implosión, que no tengo idea qué va a pasar. Por el momento todo lo que veo es que van a pasar cosas de las cuales uno no quiere ser parte, pero anda a saber tú.

 

—En esta era de la posverdad y de contexto de elecciones, ¿a quién crees le favorece este panorama?

 

—Yo argumento en el libro que el ruido favorece el conservadurismo y esa es la técnica de Trump. Uno siempre tiene prejuicios respecto de las cosas y ve las señales que le da la realidad y en función de qué es lo que te dicen las señales cambia sus prejuicios, si uno no puede creerles a las señales, a las noticias, entonces uno tiene una buena excusa para siempre seguir muy cómodo en sus prejuicios. La destrucción de la posibilidad de hacer reflexión pública es algo profundamente conservador que impide que la gente cambie de idea. Los que celebran la era del ruido son los conservadores y anarquistas de internet que forman parte de la era del ruido; en mi opinión, son tontos útiles.

 

Está sentado en su oficina, con un ejemplar de Chamullo. Ha sido una mañana agitada. Pocas horas antes del mediodía, Codelco informó al mercado la demanda que presentó contra el informe de Contraloría General de la República (CGR) que cuestiona una serie de prácticas al interior de la empresa y lista eventuales conflictos de intereses en los que habría incurrido.

 

El economista no ha estado cómodo con toda esta discusión, que de hecho ha dado pie a un duro intercambio entre él y Jorge Bermúdez, el contralor general de la República, respecto de sus atribuciones y los límites de la parcela que cada uno cuida. Ambos defendieron públicamente sus visiones respecto al marco normativo que se le aplica a la empresa estatal, y en privado intentaron llegar a un acuerdo, sin lograr un punto de encuentro.

 

Landerretche le envió una propuesta de acuerdo administrativo a Bermúdez durante sus vacaciones en julio. Y la semana pasada, a su regreso, reactivaron las conversaciones, pero fracasaron en el intento. Hoy el conflicto está judicializado y la posibilidad de diálogo es nula: ahora todo queda en manos de los equipos legales.

 

—¿Consideras que Contraloría, a través de su informe de auditoría, instaló una posverdad acerca de Codelco?

 

—Sí.

 

—¿Qué mitos fueron esos?

 

—Estamos hablando de una administración de Codelco que, de acuerdo a todas las personas que analizan seriamente, incluyendo instituciones internacionales, califica a esta empresa, en este momento, como la empresa pública más transparente del mundo; cuando la recibimos no era así. Hemos establecido prácticas que son más exigentes que las prácticas que ha establecido el comité de auditoría de Codelco, son más exigentes que las que existen en el ámbito privado y en el público, y se nos instala que tenemos malas prácticas, eso me parece de una injusticia tremenda. Se me hizo evidente la posverdad.

 

—En estos dos últimos meses, se ha discutido respecto a las atribuciones que tiene Contraloría para fiscalizar a Codelco. En simple, ¿por qué CGR no se debería meter?

 

—Soy un firme partidario de que Contraloría, siguiendo los procedimientos de la ley, sí audite a Codelco (a través de Cochilco) o en forma excepcional directamente. Lo que estamos discutiendo es cuando no estamos siendo auditados, cuáles son ahí los mecanismos de reporte y control que deben existir y hay dos tesis distintas. Una tesis, que es la que sostiene Codelco y sus gobiernos corporativos, y que ha sido el criterio histórico de Contraloría, es que lo que rige es la ley de gobierno corporativo de Codelco y su estatuto especial. Y hay otra hipótesis que dice que lo que rige son leyes para ministerios y otras organizaciones del Estado. Hay un diferendo muy claro. Entonces, cuando se nos pregunta por qué nos resistimos y no reportamos información, cuando en realidad venimos reportando hace décadas, ¿qué es eso sino posverdad?

 

—Has dicho que existe el riesgo de que se nombre en cargos públicos a personas que no son tan responsables ni contenidas. ¿Qué estándares debería cumplir alguien que desempeña un alto cargo público?

 

—A mí me parece que uno de los atributos más importantes de alguien que pretende liderar alguna institución dentro de una democracia y de una república es que entienda que parte de los atributos es no usar todo su poder. Es la sobriedad en términos del uso de su poder.

 

—¿Ese atributo lo ves en el gobierno corporativo de la CGR?

 

—No voy a contestar.

 

—En el libro dices que el insumo central de la confianza es la reputación. ¿Consideras que la reputación de Codelco en este tiempo se ha visto mermada?

 

—Se nos ha hecho daño injustamente. Se ha mermado la reputación de Codelco en una época, en que el gobierno corporativo ha demostrado que está impulsando cambios muy importantes y que hemos demostrado estar disponibles para enfrentar riesgos significativos en esos cambios. Me parece que no es merecido.

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Óscar Landerretche
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Editorial Planeta, 31/07/2017

DISEÑADORA LOGRÓ MÁS DE 42 MILLONES DE CLICS A SU NOVELA

Violeta Boyd escribió "Rompiendo tus reglas" en Wattpad

Estudié diseño editorial en Inacap, que es un título técnico de diseño gráfico. Vivo en Coquimbo y en octubre de 2014 estaba trabajando y comencé a escribir un relato en Wattpad, que es una red social donde se puede publicar y leer historias que los usuarios escriben, que se agrupan por temáticas.

 

"Mi seudónimo fue Vhaldai".

 

"Mi primer relato se llama Rompiendo tus reglas. Es una novela adolescente que trata de la forma inesperada y rara en que llega el primer amor, donde la protagonista ama al antagonista. Lo terminé en Wattpad con 37 capítulos a fines del 2015. A la fecha tiene más de 42.388.000 lecturas (clics) y este mes la novela fue lanzada a las librerías editada por Planeta".

 

"Partí escribiendo el libro en un trabajo que tuve en un diario. Tenía mucho tiempo libre, así que escribía como si estuviera redactando un correo electrónico para que mi jefe no me pillara. Antes no tenía rutina para escribir, ahora lo hago casi todos los días de madrugada por el silencio".

 

"Tengo más de 15 historias publicadas en Wattpad y Rompiendo tus reglas se convirtió en un saga de cuatro tomos. Tengo otras historias que se meten en el misterio y suspenso. Identifiqué que mi campo es la literatura juvenil, pero también tengo lectores más grandes que me escriben".

"Siempre acepto sugerencias e ideas que me mandan los lectores pero me gusta contradecir lo que quieren que pase. Me llegaron comentarios de odio porque separé a una pareja en una historia. Existe el prejuicio de que los jóvenes son malos para leer, pero la verdad es que son malos para leer lo que se les impone". 

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Violeta Boyd
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Editorial Planeta, 24/07/2017

Francisco Ortega, escritor: "No volví a la iglesia porque Star Wars me interesó más que Dios"

Criado en una familia evangélica, aborda la religión en Salisbury, novela de terror ambientada en el sur.

Ocurrió durante una tarde lluviosa. Los niños estaban en la sala del colegio. La profesora los reunió y les contó que Pablo Clausen, su querido compañero, ya no estaría más entre ellos. Había muerto durante la noche, al parecer debido a un problema cardíaco. En el pueblo de Salisbury, donde vive una poderosa comunidad evangélica descendientes de inmigrantes europeos, no solo caerá agua desde el cielo, sino que también habrá extrañas muertes en aquellos aquejados por el llamado “mal de Berkoff”.

 

“Somos tus amigos, tus verdaderos amigos, los que solo tú puedes ver porque nosotros te escogimos a ti”, le repetían esos seres imaginarios que visitaban por las noches a Pablo, el niño fallecido en agosto de 1980. Tres décadas después, el grupo de compañeros de la infancia se reencuentra en Salisbury. En ese territorio ubicado a 600 kilómetros al sur de Santiago. El motivo: el funeral de uno de ellos, Juan José Birchmeyer.

 

Hasta la zona llega Martín Martinic, un actor de teleseries que alcanzó cierta fama en la capital. Ahí verá a Perci Guidotti, profesor y escritor inédito, y a Emilia, viuda de Birchmeyer. Todos alguna vez pasaron por la casa embrujada, una fortaleza abandonada que quedaba en la llamada esquina Berkoff.

Un sitio emblemático para el lugar es el cementerio, “emplazado en uno de los puntos más elevados de Salisbury, surgía amurallado por bosques oscuros”, se lee en Salisbury, la nueva novela de Francisco Ortega (42), que publica editorial Planeta.

 

En rigor, el ejemplar es una versión corregida y extendida de El horror de Berkoff, que el narrador nacional publicó por editorial Forja en 2011. Ahora, se suman dos capítulos y material adicional.

 

“El horror de Berkoff es una novela especial para mí porque tuvo que ver con un proceso personal: mi separación. Es una novela que escribí casi en dos meses, en el verano de 2011. Muchos amigos me dicen, que de mis libros, es el que más les gusta. Yo quería sacármelo luego de la cabeza”, cuenta el escritor que ha vendido cerca de 80 mil ejemplares con las novelas El verbo Kaifman, Logia y Andinia, que forman la Trilogía de los Césares.

 

Además ha renovado su éxito con Mocha Dick, la novela gráfica realizada junto al ilustrador Gonzalo Martínez, que lo tiene en permanente gira por colegios y librerías. En el país ha vendido 12 mil ejemplares, mientras que en Colombia 12.500 copias.

 

“La novela es una manera de formar lectores. Pero pasa una cuestión muy freak, porque con Gonzalo nunca hemos ido a Colombia y el libro es un bestseller”, dice entre risas.

 

Seres reales

 

Nacido en Victoria, Región de La Araucanía, en 1974, Francisco Ortega escribió hace más de una década un guión para una película de nombre Victoria, que nunca se filmó. Es de alguna manera el origen de Salisbury. La idea surgió cuando coescribió el guión de Se arrienda (2005), de Alberto Fuguet, quien ahora apunta una frase para la promoción de Salisbury: “Una inquietante suma entre los miedos de Stephen King y los monstruos criollos de José Donoso”.

 

Cada cierto tiempo Ortega regresa a Victoria, un territorio de cielos oscuros, calles frías y casas descascaradas por la humedad. Le gusta ir en tren, como también visitar el cementerio. Y así como el autor estadounidense Stephen King hace ficción a partir de su ciudad natal, Maine, Ortega trabaja con su pasado y hace de Victoria la referencia para crear el imaginario de Salisbury.

 

¿Por qué quiso recuperar esta novela?

 

El libro lo revisé desde cero. Lo que pasa que en 2011 yo trabajaba en la editorial Alfaguara, y Mike Wilson había sacado El púgil (2008) en Forja y él me hizo el link para publicar. Pero a medida que pasaba el tiempo veía que no me gustaban algunas cosas de la novela. Como la editorial era pequeña, dejé harto material fuera, como algunos capítulos que ahora recuperé. Bueno y el título era el original del libro. El horror de Berkoff es un título que se lo puse a última hora para aprovechar la palabra horror. Pero ahora quedó en Salisbury porque el gran protagonista es el pueblo.

 

¿Hay elementos de su vida en la historia?

 

Esta novela es súper biográfica. En los 80 no había ni televisión en el sur, por lo menos donde yo vivía. Con mi grupo de amigos nos ingeniábamos con lo poco que había, historietas, casettes y revistas. Uno de los coprotagonistas de Salisbury solo escucha a Queen. Y yo crecí escuchando Flash Gordon, de Queen. La casa del protagonista es mi casa, la niña que me gustaba vivía al frente, igual que el personaje de Emilia. La mayoría de los personajes de la novela son reales. Yo era compañero de curso del fiscal Sergio Moya, a cargo del caso Caval. Antes estuvo a cargo del conflicto mapuche y aparece en el libro, pero con otro nombre. Esta es una novela que se hace cargo del problema mapuche a través de los mitos y el terror. Esta ciudad aunque se llame Salisbury es finalmente Victoria, y me interesa que este libro sea también una guía turística de Victoria. Quien la lea y luego la recorra podrá reconocer la estación de trenes, sus calles, la iglesia…

 

¿Cómo fue su vínculo con la religión?

 

Yo vengo de una familia evangélica. La familia de mi papá es católica, pero la materna es evangélica. Y de chico me llevaban a la iglesia de la Alianza Cristiana y Misionera. Participé hasta como los 12 años en muchas actividades, como las escuelas bíblicas de vacaciones. Entonces tengo una formación evangélica cristiana súper fuerte. Una vez en la iglesia me retaron porque andaba con un álbum de El regreso del jedi. Y bueno, no volví a la iglesia porque Star Wars me interesó más que Dios. Y claro, tengo un rollo con los evangélicos ¡Por algo son los malos en la Trilogía de los Césares!

 

En el ejemplar están presentes las Selecciones del Reader’s Digest. ¿Tuvo de esas revistas?

 

Tengo varios tomos empastados. Yo creo que junto al Mampato fueron mi gran biblioteca de niño. Por ejemplo, en una Selección de Reader’s Digest descubro a los 8 años que la ballena Mocha Dick es chilena. Además, de conocer historias del monstruo del lago Ness, los platillos voladores, un montón de cosas… fue mi gran ventana al mundo.

 

Y en Salisbury hay deuda a King y José Donoso…

 

Bueno este libro está inspirado en parte en la novela Salem’s Lot, de King. Y tiene harto que ver con el Donoso gótico de Casa de campo y El obsceno pájaro de la noche… Acá también hay un monstruo oculto por una familia… Yo creo que a Donoso siempre se le ha leído harto. Lo que decía Roberto Bolaño de él era por armar polémica. Si tú lees Los detectives salvajes y 2666 son novelas súper donosianas. Creo que Bolaño leía mucho más a Donoso de lo que confesaba. Quizá había envidia y también una suerte de renegar del padre.

 

La novela plantea que la infancia no es un mundo tan inocente, ¿no?

 

Yo creo que en este libro son más importantes los fantasmas morales que los sobrenaturales. El verdadero terror acá es crecer y fracasar. En ese sentido la infancia no es tan inocente y el sur tampoco. El sur no tiene nada que ver con las postales y los comerciales de leche Colun. En esas casas antiguas hay demasiadas historias perversas. Y hay otra cosa que se repite en los pueblos chicos: el clasismo y el rechazo contra el mapuche. En la novela yo exacerbo la imagen del que triunfa, el que alcanza cierta fama y el que fracasa.

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Editorial Planeta, 12/07/2017

Darío Oses: "No hay una edición definitiva de las memorias de Neruda"

Con prólogo y notas de Darío Oses -director de la biblioteca de la Fundación Pablo Neruda-, Seix Barral publica una edición que agrega más de veinte textos inéditos a "Confieso que he vivido" (1974). El libro autobiográfico será presentado este miércoles 12 de julio, a las 19:00 horas, en la casa-museo La Chascona.

El 31 de agosto de 1973, Neruda le dictó tres cartas a su secretario Homero Arce: una dirigida al Presidente de México, Luis Echeverría, en solidaridad por el terremoto de Veracruz; otra, al general Carlos Prats, que había dimitido una semana antes como comandante en jefe del Ejército, y la tercera fue enviada a Hernán Díaz Arrieta, Alone, quien la reprodujo en su libro de memorias "Pretérito imperfecto" (1976): "Yo estoy escribiendo por estos días mis recuerdos y con mucho temor le envío dos capítulos recién pergeñados e incorregidos. Son naturalmente confidenciales. Ese será un libro largo, con el que me divierto mucho escribiéndolo". Sin embargo, el poeta no incluye esos capítulos. "Me arrepentí a tiempo. Espero hacerlo más adelante, cuando me haya envalentonado", le explica en la posdata.

 

Por ese entonces lo visita con frecuencia el profesor Hernán Loyola. "Neruda me dijo muchas veces que estas memorias las iba a entregar en mayo del año siguiente, el 74. Iban a ser mucho más extensas", afirma Loyola desde Cerdeña, donde vive actualmente. El volumen debía publicarse para la celebración de los 70 años de Neruda, en julio de 1974.

 

El resto es historia conocida. El 14 de septiembre de 1973, Neruda dicta a Matilde Urrutia el último capítulo de sus memorias, dedicado a Salvador Allende y su muerte en La Moneda. El cáncer del poeta recrudece, lo trasladan a Santiago, y fallece el 23 de ese mes, sin terminar el libro que había comenzado a escribir el año anterior. Matilde llama a Homero Arce para que le ayude a ordenar los originales que Neruda le había dictado en Francia. Al revisar los papeles, este le dice, atemorizado, que el último capítulo había que quitarlo. Matilde le contesta: "No seguiremos trabajando, porque si ése es su pensamiento, le retiro toda mi confianza".

 

Matilde viaja a Venezuela

 

En respuesta a varios telegramas de la agente literaria Carmen Balcells, la viuda del poeta le envía una carta el 27 de septiembre. Le informa en ella que habló por teléfono con Miguel Otero Silva, escritor y periodista venezolano, senador de izquierda y gran amigo de Neruda. Su esperanza es que él venga a Chile para ayudarle con los inéditos. Sin embargo, tal como escribe más tarde en su libro de memorias "Mi vida junto a Pablo Neruda" (1986), Matilde Urrutia comprende que las recientes declaraciones de Otero sobre la muerte de Neruda en el Congreso venezolano hacen imposible el viaje. Acepta, en cambio, su invitación a Caracas.

 

Las memorias serían enviadas a Otero por valija diplomática de la embajada de Venezuela. ¿Los originales? Debe ser una copia de ellos, porque Matilde escribe que se fue a Santiago resuelta a sacar una fotocopia del libro completo. Desesperada, sin saber a quién acudir, llama a la embajada de México, y le envían a un secretario que cumple el encargo. Le entrega la copia en el hotel Crillón. "La embajada guardaría el original. ¡Qué alivio!", escribe Matilde en sus memorias.

 

¿Qué pasó con ese original? ¿Lo recuperó a su regreso a Chile? No vuelve a hablar de él, y actualmente nadie sabe dónde está.

 

Al día siguiente de su llegada a Caracas, Matilde y Miguel Otero se ponen a editar las memorias de Neruda. "No fue agregado ni quitado nada. Estaba trabajando con un verdadero hermano de Pablo, respetuoso y gran conocedor de su obra", afirmó Matilde.

 

La edición demoró dos meses. Matilde Urrutia y Miguel Otero trabajaron incluso el Año Nuevo de 1974. La corrección final la hizo Otero solo, en otra casa. Tardó dos días. Apenas terminó, Matilde llevó el material a Barcelona, donde lo revisó con Carmen Balcells. Después tomó un avión a Buenos Aires. "Confieso que he vivido" se publicó en España, por Seix Barral, y en Argentina, por Losada. Era la primera vez que un libro de Neruda aparecía simultáneamente en dos editoriales. En Francia compitieron por publicarlo Flammarion y Gallimard. Matilde intercedió ante Carmen Balcells para que lo hiciera esta última.

 

La edición de Losada se terminó de imprimir el 3 de mayo. Matilde Urrutia viajó a recibirla desde Salvador de Bahía, donde había pasado Semana Santa con Jorge Amado y Zélia Gattai. Segura de que el libro sería prohibido en Chile, ingresó 36 ejemplares en un paquete muy amarrado y otros pocos ocultos con tapas de la novela "Teresa Batista cansada de guerra", de Jorge Amado. El 13 de mayo de 1974, Carmen Balcells le informa en una carta que la edición de Seix Barral -impresa el 23 de marzo-, con un dibujo de Tàpies en la portada, "gusta mucho a todo el mundo, especialmente a Gabo y a Mario. Me preguntan por ti muchas veces y te mandan saludos".

 

Una nueva versión del libro

 

"Confieso que he vivido" ya pudo circular en Chile a inicios de los 80 y conocerá varias reediciones sin cambio alguno, hasta que los hallazgos de material autobiográfico no publicado, en la casa-museo La Chascona -sede de la Fundación Pablo Neruda-, condujeron a la edición ampliada con textos inéditos que ahora publica Seix Barral. Su edición, prólogo y notas estuvieron a cargo de Darío Oses, director de la biblioteca y archivo de la institución. En el prólogo, recuerda que la base de las memorias fueron las diez crónicas autobiográficas "Las vidas del poeta", que aparecieron en la revista O Cruzeiro Internacional, en 1962, tal como Neruda le cuenta a Volodia Teitelboim en una carta de 1972. Oses advierte, desde el primer momento, que el libro fue la reelaboración de escritos, recuerdos y reflexiones autobiográficas de diversas épocas y procedencias.

 

Hace un par de años, al revisar minuciosamente los archivos de la Fundación Neruda, hubo varios hallazgos vinculados a las memorias nerudianas. Oses se refiere a ellas como "un rompecabezas que se va armando con distintas piezas". Primero apareció un cuaderno, fechado en junio de 1973, con anotaciones manuscritas de Neruda sobre los temas que debía incluir en "Confieso que he vivido" ("Ulyses, Pound, Eliot..."). Fotografías de algunas páginas se reproducen al final de esta nueva edición.

 

De particular interés fue el descubrimiento realizado gracias a una remodelación. Al desarmar una bóveda de La Chascona para su traslado a otro piso se encontraron dos carpetas a las que Oses no dio mucha importancia al comienzo, creyendo que solo contenían fotocopias. Sin embargo, al revisarlas, halló inéditos autobiográficos de Neruda. Uno de los más importantes, "El último amor del poeta Federico", incluía una nota manuscrita de Matilde: "Este artículo fue escrito para las memorias. Fueron muchas las veces que conversamos con Pablo si debía incluirlo o no. Me dijo textualmente: «Está el público suficientemente desprovisto de prejuicios para admitir la homosexualidad de Federico sin menoscabar su prestigio?». Esa era su duda. Yo también dudé, y no lo incluí en las memorias. Aquí lo dejo, creo que yo no tengo derecho a romperlo".

 

Había llegado el momento del rescate. "A partir del hallazgo de este artículo y la posibilidad de que hubiese otros textos destinados a las memorias, surgió la propuesta de la Fundación de hacer una nueva edición de 'Confieso que he vivido'", cuenta Darío Oses. Se preparó entre 2016 y 2017. Los escritos agregados se intercalaron en el texto ya conocido con un tipo de letra y una caja distintos al resto del libro. Son 20 los textos interpolados, incluyendo los dos fragmentos, también inéditos, de la conferencia-recital "Viaje alrededor de mi poesía" (8 de diciembre de 1943). Corresponden a su introducción y epílogo, que se colocan, respectivamente, en el comienzo y en el cierre de la nueva edición de "Confieso que he vivido". Además, Oses decidió publicar en los Apéndices tres conferencias autobiográficas de 1954 que pronunció Neruda en la Universidad de Chile. Permanecían inéditas, y también sirvieron de "canteras" a la redacción original de las memorias.

 

Según Darío Oses, lo que autoriza a incorporar al libro los inéditos son, por un lado, las propias anotaciones de Matilde, como en el texto de García Lorca. En otros casos, atribuye la omisión de algunos escritos al desorden reinante en esos días. "Yo creo que Matilde trajo de vuelta cosas de Venezuela o se le quedaron aquí. Con las casas de Neruda saqueadas, el revolutis de papeles debe haber sido tremendo. Esto nos indica que, además de causas específicas, había material que podía haberse perdido o traspapelado".

 

"Casi todos los textos (ver ejemplos en recuadro), salvo el de García Lorca, profundizan o expanden temas que ya están. No hay revelaciones que cambien el panorama", admite Darío Oses.

 

Respecto de la primera edición, ¿por qué Matilde Urrutia elige a Otero Silva, y no, por ejemplo, a Volodia Teitelboim para editar las memorias? "Me parece que ella no tenía con Volodia la confianza ni la empatía que tenía con Otero", contesta Oses. "Volodia era muy amigo de ellos, pero tenía una cosa más disciplinada; le faltaba la espontaneidad venezolana de Otero". Contra la opinión de algunos, Oses no cree que Matilde haya expurgado las memorias de aquellos nombres que no le simpatizaban. "Es una especulación que nunca se va a poder comprobar. Tendríamos que revisar todas las memorias, pero yo encuentro que es un trabajo ocioso", considera el editor.

 

La ausencia de Malva Marina es caso aparte. "Neruda no alcanzó a terminar sus memorias", recuerda Oses. Y Hernán Loyola agrega: "En su hipotética obra finalizada en mayo del 74, tal vez habría escrito un homenaje de recuerdo a su hija. Yo no tengo la menor duda de que no alcanzó. ¿Cómo no iba a hablar de ella? ¿O de Volodia? Es absurdo. Faltan amigos tan cercanos como José Miguel Varas. Se ve que empezó a hablar de los personajes más lejanos; hay toda una galería de extranjeros, por ejemplo. Seguramente dejó a las personas más cercanas para el final".

 

¿Y Stalin? Oses recuerda que en las memorias le dedica un capítulo entero. En él, Neruda se hace cargo de las acusaciones: "Muchos me han creído un convencido staliniano", declara. El poeta ya venía ajustando cuentas con el tema desde "Memorial de Isla Negra" (1964) y sería mucho más drástico en sus libros "Fin de mundo" (1969) y "Elegía" (1974).

 

"Es interesante lo que dice Jaime Concha en cuanto a que hay una transmigración de la memoria de la poesía de Neruda a 'Confieso que he vivido'", señala Oses. "Lo que podría explicar -y esto ya es mío- que Neruda pudiera escribir una obra tan consistente en un tiempo más bien reducido. El mismo Neruda habla del poema cíclico de su vida, de la poesía de la sensación de cada día, o de la crónica de lo que ocurría en el interior y el exterior de sí mismo, que ya comienza con 'Crepusculario'".

 

La nueva edición de "Confieso que he vivido" es ampliada, pero "en ningún caso definitiva", enfatiza Darío Oses, recordando que, según Emir Rodríguez Monegal, nunca podría haber una edición canónica, final, de este libro. "En poesía podemos hacer ediciones definitivas, pero en las memorias, por la forma en que se escribieron y se gestaron, no creo que sea posible. El que hayamos podido agregar textos indica que no hay una edición definitiva. Imagínate que en unos años más aparecieran en alguna parte los originales de la primera edición", conjetura Oses.

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Editorial Planeta, 21/06/2017

Nunca he entendido la nostalgia por los 80

Luis López- Aliaga, escritor de larga trayectoria y guionista de televisión, acaba de publicar Mundo Salvaje, su último libro de cuentos.

Un niño que puede ser el mismo Luis López-Aliaga o que, también, puede haber sido cualquier chileno de clase media criado en el centro de Santiago, alumno de colegio de curas, descendiente de aquellos italianos o españoles que llegaron a Chile sin nada luego de la Segunda Guerra Mundial, solamente con las ganas de escapar al fin del mundo. Ese niño un día tiene una fiesta. Elige su mejor camisa, se echa colonia. La fiesta se suspende. Pero él sale igual. Entra a un cine porno, a los Juegos Diana. En el camino lo sigue un monstruo azul, rugoso, con tres patas y un cuello largo que se enrolla en los faroles. Y como un profeta, le pide paciencia. Con las mujeres, con las pichangas, consigo mismo. Todo parece definitivo, pero pasa, le dice la bestia, en “Crías”, el primer cuento de Mundo salvaje (Emecé), el nuevo libro de relatos de López-Aliaga (1967).

 

En el último, quizás el más autobiográfico, el narrador, probablemente ese mismo niño, ya mayor, recuerda haber publicado un libro, haber ganado algunos premios, haber escuchado que tendría un buen futuro literario. Era una joven promesa. Pero él no quería ser parte de eso. Ni el narrador, ni Luis López-Aliaga, quien en 1995 publicó el premiado y celebrado Cuestión de astronomía, su debut, un conjunto de relatos que parecía anunciar una exitosa carrera literaria.

 

—Al final no hice carrera en ningún sentido. Hice todo lo que no había que hacer. Una actitud un poco soberbia. Pagué costos, pero ahora creo que recibo los beneficios. No tengo ninguna imposición o peso sobre lo que debo o no debo hacer. Por lo tanto, me siento en un espacio de libertad creativa —dice López-Aliaga, quien luego de Cuestión de astronomía publicó un par de novelas, cuentos, otro conjunto de cuentos y un libro autobiográfico que fue muy aclamado por la crítica, La imaginación del padre. Además, en estos años se ha desempeñado como guionista de televisión y es uno de los fundadores de la editorial independiente Montacerdos.

 

—En una segunda lectura Mundo Salvaje pareciera ser un gran relato. Los cuentos funcionan como piezas de un rompecabezas. ¿Por qué cuentos y no novela?

 

—El cuento amerita un trabajo de joyería en el detalle. En la novela se requiere otro tipo de esfuerzo, más de largo aliento. El cuento tiene ese trabajo minucioso, que me interesa mucho. Cada cuento es autónomo y uno aspira a que se pueda leer en sí mismo. Pero cuando empezamos con el editor a armar el libro surgió una cierta idea de progresión interna. Los cuentos iniciales son la formación de un niño en los 80-90. Como que los personajes de los cuentos posteriores son ese niño adulto. Tiene ese recorrido.

 

—En los cuentos se desarrolla constantemente el concepto de nostalgia, pero más desde una perspectiva irónica. El narrador ve con feliz distancia esos tiempos, ¿no?

 

—Hay una reflexión en torno a eso y una emocionalidad. Yo nunca he entendido esta moda de la nostalgia por los 80, por los 90. A mí me parecen décadas de mierda. Porlo tanto, es una mirada de buscar respuestas en el presente. En lo personal, no tengo un ápice de nostalgia por los tiempos idos. La nostalgia siempre ha sido un recurso vendedor, pero lo que me preocupa es que hay un ejercicio de blanqueamiento. Las personas quieren olvidar lo negativo y darle un retoque a su propio pasado. Maquillar la historia.

 

—¿La violencia de estos años le da el nombre al libro?

 

—El nombre surge con esa idea, de programa de la tele donde se investigan las formas de relaciones en el mundo animal. Pero claro, hace referencia a ese universo. Los animales dan vueltas en el libro. Pero lo que me interesa es el contraste de que el mundo civilizado es más salvaje que el mundo animal. Sobre todo en esa época.

 

—¿Te parece que este mundo salvaje que retratas en tu infancia, adolescencia, sigue vigente o va en retirada?

 

—No es tan brutal, al menos en sus formas de expresión. Es menos evidente, pero persiste, sin duda. Las formas de relacionarse entre los seres humanos y las formas de ejercer el poder, son siempre brutales. El poder que está siendo cuestionado hoy se mantiene donde está, y ahora es más descarado incluso en las formas de obtener los beneficios, antes se hacía todo mucho más escondido, pero también la lucha es más explícita.

 

—¿Lograremos adaptarnos como especie al nuevo escenario?

 

—Está pasando algo. Pero no me atrevo a vislumbrar el resultado. Es evidente que las cosas han cambiado, me parece bacán que así sea, pero no sé adónde conducirán. Pueden conducir a un escenario peor, pero no soy adivino ni politólogo.

 

—Los cuentos tienen un marcado tono autobiográfico. ¿Evalúas hasta qué punto exponerte?

 

—He perdido todo pudor. Estoy en un momento de mi vida en que no tiene mucho sentido estar preocupándome de ese tipo de cosas. Si uno trabaja con este material, no puede ponerse barreras. Si te vas a meter, hazlo hasta el fondo. Si no, mejor escribe ciencia ficción.

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Luis López Aliaga
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Editorial Planeta, 24/04/2017

Autor de "Cambio de juego": "Me impresionó la historia del estadio para la U que quiso construir Salvador Allende"

El escritor Nicolás Vidal dialogó con El Gráfico Chile sobre su nueva obra que reúne 9 crónicas desconocidas del fútbol chileno. El estadio que la Unidad Popular pretendía construir en el Parque Araucano, el fútbol amateur de Valparaíso como origen del FPMR, y la increíble historia del Almirante Fernández Vial, son algunas de las historias que componen la atractiva obra del joven abogado.

Cambio de juego es el nuevo libro de la literatura chilena dedicado a los amantes de la ‘pelotita’. A través de 164 páginas, la obra de Nicolás Vidal, abogado y editor de la revista De Cabeza, llega a robustecer las librerías del país con 9 historias desconocidas del fútbol nacional ligadas a la política y la historia del país.

El estadio para la U que quería construir Salvador Allende, la relación del padre de Michelle Bachelet con el desaparecido club Aviación, el vínculo de los líderes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez con el fútbol amateur de Valparaíso y la historia Arturo Fernández Vial, y la alianza entre Palestina y el Club Deportivo Palestino son algunos de los relatos que le dan vida a Cambio de juego.

El fútbol es el hilo conductor de las nueve potentes historias que componen Cambio de juego, las que mezclan la crónica, la investigación, el análisis político y hasta el humor, porque tal como reza el escritor Juan Pablo Meneses en la sinopsis del libro, el deporte rey “esconde mucho más de lo que muestra”.

Desde su oficina, donde ejerce de abogado, Nicolás Vidal recibe a El Gráfico Chile, y allí hace un análisis similar: “El fútbol tiene una potencia narrativa importante. No basta con reducir el fenómeno a un análisis simple, para mí las historias de fútbol son potentes e interesantes cuando salen del campo de juego”.

¿Consideras que el tratamiento literario del fútbol es un área poco desarrollada en Chile?

“En Chile hay muchísimos libros de investigación periodística ligadas al fútbol, pero falta un tratamiento más literario, con cuentos de mejor calidad, con una crónica que tenga un contenido muy literario que no solo se preocupe de contar sino cómo contar. Ahí se podría avanzar un poco más, darle una vuelta a cómo abordar ese hecho darle un poco más de vida, de sonidos y no transformarlo en un conjunto de datos”.

¿Cómo nace esta idea de escribir Cambio de juego?

“El origen del libro está relacionado con la revista De Cabeza, que la creamos hace dos años, para tocar temáticas como el libro, algunas de estas crónicas salieron en la revista. Después de un tiempo pensé que podía hacer algo más sustancioso, algo más largo y ahí se me ocurrió lo del libro”.

¿Cuál fue la historia que más te marcó?

“La que más me impresionó fue la del estadio de la U en la Villa San Luis en el Parque Araucano. La Unidad Popular tenía un proyecto de construir barrios de clase media en el sector, incluso estaban los planos. Ese era un plan para transformar la ciudad. La historia refleja el espíritu del libro. Hablar de fútbol, política y un cambio social. Además se trata de un tema bastante sensible para los hinchas de la U, creo resume bien ese doble juego”.

¿Se puede hacer un paralelo de tu libro con las historias de fútbol que escribieron Guarello y Chomsky, considerando las diferentes formas en que están escritos?

“Es un buen paralelo, los dos son súper respetables, son dos formas distintas de contar una historia. Por ejemplo ambos libros cuentan la historia de los pasaportes pero de distinta forma. Lo que yo intento es darle un sentido literario. Con esa imagen uno le da un sentido más literario, describir, darle vida, sonido, imágenes al relato. Que el lector se sienta parte de esa historia que se construye”.

¿Tienes en mente escribir algo sobre fútbol ficción?

“Obviamente me gustaría, tengo un par de cuentos de fútbol y me gustaría profundizar esa veta pero avanzaré lentamente en ese proyecto. La ficción hay que tratarla sin urgencia, los cuentos hay que dejarlos reposar y luego revisarlos, el trabajo de la ficción requiere tiempo”.

¿Si tuvieras que recomendarle tres libros a nuestros lectores cuáles serían?

“Uuh qué difícil, pero si me tuviera que inclinar por tres serían Dios es redondo de Juan Villoro, Una granada para River Plate de Juan Pablo Meneses y El regate” de Sérgio Rodrigues, los tres son muy buenos cuentos y libros para recomendar”.

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Editorial Planeta, 21/04/2017

Dolores Redondo: "Mi novela es sobre la codicia"

La española, premio Planeta con Todo esto te daré, escribe sobre una relación gay que deja al descubierto la ambición familiar.

La noticia llega a su puerta cuando la policía aparece en su hogar para informarle que su marido, Alvaro Muñiz de Dávila, ha muerto en un accidente de tránsito. Manuel, escritor, quien minutos antes trabajaba en su último libro, no lo puede creer.

"No puede ser Alvaro, mi marido viajó anteayer por la tarde a Barcelona para reunirse con un cliente. Se dedica al marketing empresarial”, le dice Manuel a uno de los policías al inicio de Todo esto te daré, la novela de Dolores Redondo (48) que se adjudicó el premio Planeta 2016.

"Desde la primera página, uno de los dos hombres ha muerto. Es por eso que también me refiero al dolor de la pérdida. Es lo mismo que perder un hijo. Manuel se queda solo, con el corazón igual de roto”, dice la escritora española al teléfono desde Buenos Aires, en medio de una gira por el galardón con el que obtuvo 600 mil euros ($ 415 millones) y que la llevó también a Colombia y México.

Rápidamente la emotiva historia, tras la muerte de Alvaro, se transformará en un thriller. Manuel llega a Galicia para reconocer el cadáver de su marido, y descubre que la familia Muñiz de Dávila cerró la investigación del caso.

Es cuando entran a escena Nogueira, un policía jubilado, y Lucas, un cura amigo de la infancia de Alvaro. Ellos, junto a Manuel, intentarán reconstruir sus últimos días. Sospechan de un posible crimen.

"“Su familia es de una clase privilegiada, y el libro va de eso, de esas clases que no hay que tocar y de aquellos que creen que tienen derechos sobre todo”, dice Redondo, quien se transformó en bestseller con su Trilogía El Baztán, la que suma ventas por sobre 500 mil ejemplares. La serie se inauguró con la novela El guardián invisible (2013), adaptada al cine y estrenada hace algunas semanas en España.

"Desde que llegué a Latinoamérica me han preguntado por qué quise escribir sobre una relación homosexual. Pero mi novela es sobre la codicia. La historia inicial es una trampa para el lector. La homosexualidad es solo un punto de partida", señala Redondo, quien siente gratitud por la autora chilena, Isabel Allende, por recomendar sus libros.

"En España es normal el matrimonio homosexual, hace más de 10 años hay parejas y todos los que quieren se pueden casar y nadie les pregunta a quién aman", comenta la narradora, quien resalta que el premio Planeta permite llegar a un mayor público. "Es un trampolín para que muchos lectores se acerquen a la novela sin el prejuicio de un autor que quizá no conocen o de un género literario que no es el que habitualmente elegirían", agrega.

Iniciada en la literatura infantil, y sobre el género que actualmente cultiva, Redondo señala que "la novela negra aguanta el mestizaje como ninguna otra, ya que permite hacer crítica social, hacer una historia de amor, contar una saga familiar y dar pinceladas históricas si uno siente que es necesario".

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PlanetadeLibros, 11/04/2017

El escape de una librera por la Europa nazi

Llega a Chile Una librería en Berlín, el testimonio reencontrado de Françoise Frenkel, una polaca que, de tener una vibrante librería en la Alemania de los 30, debió escapar de los nazis por Francia. Reverso íntimo de los relatos oficiales de la II Guerra Mundial, es parte de una oleada de libros en el tono liderados por Suite francesa, de Irène Némirovsky.

Arriba, en el quinto piso del hotel La Roseraie, en Niza, vivía una mujer austríaca que bordeaba los 70 años y pasaba los días escribiendo sobre el arte de los encajes. También una española republicana que moriría de inanición, un matrimonio que llevaba dos años con las maletas y baúles listos para partir a Palestina, y dos estudiantes sin un peso. El cuarto piso estaba ocupado por varios polacos, actores, escritores, políticos y críticos de arte, que llevaban una vida de debates y proyectos. En el segundo, familias esperaban día a día una posibilidad de escapar. Porque salvo un alegre príncipe hindú que ocupaba todo el segundo piso, en ese hotel todos planeaban un escape. Todos eran judíos. También Françoise Frenkel, una ex librera que venía huyendo desde Berlín e imaginaba cómo llegar a Suiza. Según escribió, ese lugar debería haberse llamado El Arca de Noé, pero la salvación no aparecía en el horizonte: empezaba 1942, Europa era azolada por la Segunda Guerra Mundial y los nazis extendían su caza antisemita.

Nacida como Frymeta Idesa Frenkel, en Lodz, Polonia, en 1889, decidió cambiarse el nombre por Françoise: estaba enamorada de la cultura francesa. No solo estudió Letras en la universidad La Sorbona, en 1921 decidió abrir la primera librería francesa en Berlín. Se llamaba La Maison del Livre y en los 18 años que operó se convirtió en un punto de encuentro de los amantes de las letras galas y en un verdadero centro cultural de la capital alemana. Pero el ascenso del nazismo arrinconó a la tienda dramáticamente: primero censurada y luego directamente hostigada, Frenkel terminó liquidando apurada la librería tras la Noche de los Cristales Rotos, el ataque generalizado contra judíos el 10 de noviembre de 1938. Luego huyó. Cruzó a Francia para iniciar una dramática fuga que se extendió por años. Solo en 1943 logró cruzar clandestinamente a Suiza y salvar de las garras nazis.

Aunque respetada como librera en su momento, Frenkel fue otra anónima en el peregrinaje de judíos europeos que buscaban refugio durante la guerra. Su huida es otra de tantas, ella tuvo suerte. Su nombre está desperdigado en unos pocos registros oficiales de la época. Pero hubo una diferencia: instalada por fin en Suiza, Frenkel escribió el testimonio de su drama y lo publicó. El libro apareció en 1945 al alero de la pequeña editorial suiza Jeheber y su título era "Rien où poser sa tête" (que podría traducirse como "Nada o poner la cabeza"). Y aunque en su momento tuvo poco eco, hace algunos años alguien encontró un ejemplar en una feria de Niza, lo leyó con sorpresa, empezó a hablar de él, alguien escribió una reseña del libro en Internet y, de pronto, la prestigiosa editorial Gallimard estaba reeditándolo en 2015. Como promotor del hallazgo estuvo el Nobel Patrick Modiano, que cayó hipnotizado ante la voz sin rostro de Frenkel.

Disponible desde esta semana en Chile, el libro en español se llama Una librería en Berlín y arriba tras recibir elogios en España y Francia. Sobre todo en este último país, donde el testimonio de Frenkel ha pasado a sumarse a un coro de voces literarias que narran a contrapelo de las versiones oficiales la tragedia. El libro es parte de una oleada de narraciones a ras de suelo que, en el revés de los relatos políticos o bélicos, muestra sin filtro el impacto que tuvo la guerra en la vida cotidiana de los franceses. Así como antes leer Suite francesa, de Irène Némirovsky, permitió ingresar al sentir de las clases acomodadas parisinas durante la llegada de los nazis, en su relato Frenkel revela la deriva de una masa de supervivientes que se mueve en los intersticios de la persecución alemana. "Para todos, la existencia había perdido la ilusión y el entusiasmo... También, por rachas, caíamos en una indiferencia lúgubre, en una inercia absoluta", se lee.

El caso de Némirovsky es ejemplar en la oleada de rescate de este tipo de textos. Autora de más de 15 libros, después de morir en Auschwitz en 1942 su obra pasó prácticamente al olvido. Entre lo que dejó, estaba el manuscrito sin finalizar de Suite francesa, que sus hijas guardaron por años y que solo en 2004 fue publicado: ahí apareció no solo una novela deliciosa, sino también el retrato de un paisaje social casi no contado del París ocupado por el nazismo. El libro significó el descubrimiento de una autora y coincidió con el destape de otro autor que había quedado bajo del velo después de la Segunda Guerra Mundial: el húngaro Sándor Márai, un escritor muy exitoso en los años 30, que soportó apenas a los nazis en su país y ya no pudo hacerlo cuando los soviéticos tomaron el control de Hungría. En 1948 se fue a Estados Unidos.

A inicios de este siglo, Márai fue lentamente recuperado. La publicación en español de El último encuentro (1999) literalmente lo descubrió para el mundo hispano: sus novelas eran espejos de una sociedad centroeuropea refinada que se aproxima al fin de una época. Márai era ese cronista: el del fin de una era. Escribió esa novela en 1942, justamente cuando Némirovsky se encaminaba al campo de concentración y la desconocida Françoise Frenkel se refugiaba precariamente en Niza. Paralelamente, en el frente soviético de la Segunda Guerra Mundial, el periodista Vasili Grossman cubría batallas en Ucracia y recogía material para la que sería una de las grandes novelas del horror del régimen estalinista y el antisemitismo durante el conflicto. Prohibida en tiempos de Jruschov, y ya muerto Grossman, Vida y destino solo se publicó oficialmente en 1989 y en español en 2011, convirtiéndose en una de las grandes obras sobre la guerra.

La librería

Françoise Frenkel es casi una completa desconocida. Apenas hay unos cuantos datos que confirman la existencia de su librería en Berlín y una escueta cronología de sus pasos, que documentan su ruta de escape por París, Aviñón, Vichy, Niza, Annecy, Ginebra y finalmente de nuevo Niza, donde murió en 1975. Nadie sabía que era una escritora, acaso porque no lo era: simplemente era la autora de un relato urgente que ella entendió como un imperativo: "Es deber de los supervivientes rendir testimonio con el fin de que los muertos no sean olvidados ni los oscuros sacrificios sean desconocidos", anotó como prólogo de su libro. De Frenkel, por supuesto, no hay fotos. Solo quedó su escritura y eso basta para Modiano: "La gran singularidad de 'Una librería en Berlín' procede justamente de que no podamos identificar a su autora de una manera precisa", anota el escritor, que llega a comparar la lectura del libro con lo que fue para él leer a los 14 años a Shakespeare o Stendhal sin saber absolutamente nada de sus identidades.

"Prefiero no conocer el rostro de Françoise Frenkel, ni las peripecias de su vida tras la guerra, ni la fecha de su muerte. De ese modo, su libro será siempre para mí la carta de una desconocida, olvidada en la lista de correos desde hace una eternidad y que parece que recibes por error, aunque tal vez eras en realidad su destinatario", escribe Modiano en el prólogo del volumen.

Lo que hace Frenkel toma los ribetes de una confesión. Es el relato de una caída. Las primeras cincuenta páginas de su libro son luminosas: es la historia de una joven polaca, aparentemente de clase acomodada, que mientras estudia Letras en París es cautivada por el oficio de librero. Trabaja en bibliotecas y librerías, pero hacia 1920 decide abrir su propia tienda en su país. Pero de paso por Berlín para visitar a unos amigos, la convencen de que allá será mejor: "Es casi una misión", le dicen, aludiendo a la ausencia casi total de libros y revistas en francés en la capital alemana. Un año después, abre La Maison del Livre en un barrio residencial, la que luego traslada hasta una zona comercial y se convierte en un punto cultural de aquella urbe. Frenkel nunca lo menciona en su texto, pero con ella estuvo su esposo, Simon Raichenstein.

Como anota Frenkel, La Maison del Livre tuvo variados clientes: "Un público curiosamente mezclado. Conocidos artistas, vedetes, mujeres de mundo que se inclinan sobre las publicaciones de moda y que hablan en voz baja para no distraer al filósofo inmerso en un Pascal. Cerca de una vitrina, un poeta hojea piadosamente una bella edición de Verlaine, un sabio con gafas escruta el catálogo de una librería científica y un profesor de instituto ha reunido delante de él cuatro gramáticas para comparar seriamente los capítulos relativos a la concordancia del participio seguido de un infinitivo", escribe y luego comenta las visitas de autores franceses que dieron charlas en la librería: Claude Anet, Henri Barbusse, Julien Benda, Colette, Dekobra, André Gide, Henri Lichtenberger, André Maurois, Philippe Soupault y Roger Martin du Gard, entre otros. También, reseña Modiano, es muy probable que haya sido frecuentada por Vladimir Nabokov y otros escritores rusos que huían de la Rusia bolchevique. "Creo que basta con leer las nouvelles y las novelas «berlinesas» de Nabokov, escritas en ruso y que son la parte más emocionante de su obra, para seguir el rastro de Françoise Frenkel por Berlín", escribe Modiano.

La primera señal de que las cosas andan mal, Frenkel no la cuenta: su esposo deja Alemania en 1933 ante el clima adverso para los judíos. Ella se queda sola a cargo de la tienda. Y resiste todo lo que puede: mientras avanzan los años, también llegan los hostigamientos. De tener casi todas las revistas y diarios franceses, solo le permitieron seguir con Le Temps. Luego se lo impidieron. Después las autoridades nazis la vigilan. Cada vez se le hace más difícil importar libros, sacar divisas, llevar el negocio. Hasta que en 1939 se da cuenta de que ya no puede seguir en Berlín. Al dejar Alemania con destino a Francia, presencia en los agentes de la aduana nazis el peligro en estado puro: "Visión del nacimiento de ese monstruoso y siempre creciente termitero humano que se extendía rápidamente por todo el país con un siniestro chirrido metálico, termitero de un incalculable potencial de fuerzas colectivas", anota.

La fuga

Lo que sigue en el relato de Frenkel es, casi siempre, la desesperación. Lejos de su familia -aparentemente se separó de su esposo en París en 1940 y este murió dos años después en Auschwitz-, se mueve aceptando la ayuda de múltiples amigos y desconocidos que la reciben temporalmente. La amenaza de perder la visa para seguir en Francia es permanente, mientras la posibilidad de un permiso para entrar a Suiza se vuelve cada vez irreal. Consigue una relativa estabilidad viviendo en Niza entre diciembre de 1940 y noviembre del 42. Muy relativa: la comida es escasa, no tiene permiso para trabajar, a ella y a todos los extranjeros en el régimen de Vichy les piden constantemente revisar su documentación y se acercan como una niebla los días en que los nazis deportarán a los judíos.

"Los refugiados que vivían en los Alpes Marítimos asaltaban literalmente los consulados: el americano, el español, el suizo, el sueco. Hacían cola para intentar una gestión desesperada; pero la mayor parte de estos servicios de visado ya no funcionaba. Nos sentíamos aprisionados, bloqueados", escribe sobre su residencia en Niza, donde Frenkel pasa de hoteles a esconderse en viviendas privadas. Y tras las primeras redadas nazis en 1942, la ex librera ingresa a lo clandestino: al circuito de la falsificación de documentos y guías pagados que prometían la libertad. "Los accidentes, robos, chantajes, arrestos, deportaciones e intentos frustrados se propagaron rápidamente por el país", cuenta Frenkel, que sin embargo paga para un traslado a Suiza.

Mientras organiza su fuga, otros escritores que retratan la vida de su época entran bajo el velo: Némirovsky morirá en Auschwitz, mientras en Brasil un autor austríaco, también judío, decide un final: el gran escritor y biógrafo Stefan Zweig, prohibido por los nazis desde 1936, había abandonado su país en 1939 para iniciar un periplo que lo llevaría hasta Petrópolis, donde en 1942 se suicidó aterrado por el avance de Hitler por el mundo. Sus obras nunca dejaron de circular, pero en los últimos años han tenido una segunda vida.

Lejos de todos los focos de la guerra, Frenkel emprendió ese año un último viaje hacia Ginebra. No resulta. Los papeles falsos fallan. Todo falla. Pasa varios meses detenida en el pueblo de Annecy, con la amenaza creciente de ser trasladada a un campo de concentración. Pero cuando no parece haber esperanza, sus amigos de Niza le consiguen un abogado que la saca de la cárcel. Y luego, ya sin nada que perder, se suma a un grupo para cruzar la frontera clandestinamente. En el último momento, debió saltar una valla y mientras lo hacía un soldado fascista la divisó y le disparó. Pero erró. En junio de 1943, Frenkel consiguió llegar a Suiza. A los pocos meses, a orillas del lago de los Cuatro Cantones, escribió el testimonio que ahora conocemos como Una librería en Berlín, que hoy puede leerse ejemplarmente junto a novelas como Suite francesa, de Némirovsky, y El ultimo encuentro, de Márai.

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Editorial Planeta, 04/04/2017

FPMR Fútbol Club

Esta semana llega a librerías Cambio de juego, historias desconocidas del fútbol chileno (Planeta), de Nicolás Vidal, una recopilación de crónicas que abordan la historia secreta del balompié chileno. Adelantamos un fragmento de su primer capítulo, dedicado al Frente Patriótico Manuel Rodríguez y su vínculo con el fútbol.

Era cerca de la medianoche: los últimos suspiros del 20 de octubre de 1984. A Fernando Larenas -jefe operativo del Frente Patriótico Manuel Rodríguez- le quedaba menos de una cuadra para llegar a la casa de seguridad que tenían en La Reina, pero le llamó la atención el movimiento inusitado en la vereda y el jardín. Recién había caído su encargado logístico: sólo podía ser la CNI. No se detuvo y partió a su hogar, en Gran Avenida. Al llegar se encontró con una situación parecida, pero esta vez lo vieron: un par de autos salieron disparados detrás suyo. Apoyó toda la fuerza de su pie derecho en el acelerador y no le importaron luces rojas, discos Pare o cualquier otra señal de tránsito. Ya no eran dos sino cinco los vehículos que lo perseguían. Con medio cuerpo fuera de la ventana los agentes apuntaban, cada uno con su pistola. Fernando sólo podía verlos a través de los espejos. Y escuchar el silbido de los balazos; o el estruendo del vidrio trasero reventándose y dejando el flanco abierto para que los tiros entraran con facilidad en esa portería salvajemente asediada.

El ex arquero del Orompello aguantó hasta Santa Rosa esquivando balazos y luces rojas. Pero se le atravesó un camión. Su Charade se chantó en el pavimento y los agentes aparecieron por todas partes. Estaba desarmado. Una misión imposible: atajaba solo frente a un equipo completo. Le  dispararon a quemarropa con un fusil Galil, de fabricación israelí, a través de la ventana del conductor. Alcanzó a levantar el brazo izquierdo, desviando levemente el proyectil. Recibió el balazo en la cabeza. Los agentes quebraron las ventanas con sus culatas y lo arrastraron hacia la calle. Parte de su masa encefálica quedó en el pavimento. Entre todos patearon ese bulto para después dejarlo desangrándose, con la satisfacción que sólo entregan las misiones cumplidas, al menos para un asesino.

Ramiro se refugia en la oscuridad que da la sombra del árbol. Prefiere no exponerse. Un viento salado vuelve más fresco ese anochecer de verano. Baja la mirada hacia su reloj continuamente, preguntándose, tal vez, si es que ha ocurrido algo. Comienza a impacientarse. Se pone en puntillas y mira hacia los dos lados de la calle. Respira aliviado cuando ve que se acerca por Los Placeres el auto en que viene su hermano. Iván no está solo. Lo acompañan, como de costumbre, los dirigentes del equipo San Francisco.

Se dirigen a la cancha. Hace algunos años que no juega en el Orompello. Ahora reside en Santiago y dejó de llamarse Mauricio Hernández Norambuena. Vive oculto -en las sombras- y sólo sale a la luz para jugar el campeonato nocturno Osmán Pérez Freire, el más importante que se disputa en Valparaíso durante el verano. Vuelve al puerto sólo para vestirse de corto. El San Francisco armó un equipo cuyo único objetivo es la copa. Y para eso trajo a los hermanos Hernández.

En los camarines, Ramiro vuelve a ser Mauricio, el futbolista. Recuerda esos minutos previos a los partidos del Orompello, cuando se vestía con Fernando Larenas y su hermano Iván. Pero ahora juegan en otro equipo, y Fernando ya no está. No deja que la nostalgia lo saque de ese partido. Ya está acostumbrado a vivir con esa sensación de que en cualquier momento te pueden disparar en la cabeza, unida a la adrenalina que viene con la compañía del miedo. Pero de todas formas se estremece con las tres mil personas que abarrotan el estadio en esa final del campeonato contra el Econa. En el campo de juego, como tantas veces -junto a su hermano Iván- se olvida del Frente, de la tensión, el miedo y cualquier otra cosa que no sea el equipo rival. Ganan por tres a cero. Reciben la copa ante un estadio lleno y dan la vuelta olímpica: el insustituible sabor de la gloria, tan lejana al anonimato. Después de celebrar, vuelve a esconderse donde el amigo que le da alojamiento.

Al día siguiente, ya de vuelta en Santiago, es el mismo de siempre: Ramiro, el que tiene a su cargo a los grupos especiales. Y por eso mismo es que está junto a Raúl Pellegrin (“Rodrigo” o “José Miguel”), el número uno del Frente. Ya se conocen, se tienen confianza; por eso sus conversaciones suelen comenzar con alguna trivialidad. Bueno, ¿y cómo están las pichangas? Sí, a veces, muy de vez en cuando jugamos en alguna canchita con los amigos, sólo cuando se puede y hay tiempo… El golpe seco del diario -arrojado con violencia sobre la mesa- corta sus palabras. Su mirada sólo sigue el dedo firme de Rodrigo, que apunta a la penúltima página de ese ejemplar de La Tercera. Esa foto, hace un tiempo, lo hubiera llenado de orgullo, pero ahora hace que su estómago se revuelque. El San Francisco con la copa. Su nombre -Mauricio Hernández Norambuena- justo debajo de su foto. Así que ahora todos tus hermanos del Frente saben que Ramiro en verdad se llama Mauricio. La puteada que viene a continuación es la del líder del Frente a un combatiente que ha faltado gravemente a sus obligaciones de clandestinidad y de compartimentar la información, poniendo en riesgo su seguridad y la del movimiento, sobre todo cuando todavía está fresco lo de Fernando. Todo por jugar a la pelota.

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Editorial Planeta, 27/03/2017

"La cofradía blindada": el libro que demuestra nuestro riesgo permanente de volver a sufrir una dictadura


Desfalcos, completa independencia y leyes acomodadas a su antojo; así describe Dauno Tótoro Taulis al Chile militar. En un país rodeado por los escándalos de desvío de dineros en favor de la milicia nacional, la reedición del libro La cofradía blindada: autonomía, negocios e insubordinación de las Fuerzas Armadas chilenas (publicado originalmente en 1998) se hace más que necesaria.

Situados en un Chile que mira con desconfianza a sus autoridades antes veneradas y respetadas, este texto contextualiza la forma en que las Fuerzas Armadas han ido ganando terreno y atribuciones en el mundo civil, ese que debería estar por sobre el grupo minoritario de uniforme.

Siguiendo la línea de libros como Traición a la patria (2016), La cofradía blindada es un recorrido por la historia de un ejército que logró – Constitución mediante – abrirse camino en una sucesión de gobiernos que no han hecho frente a la verdadera situación de privilegio en que esta rama permanece desde que los militares asumieron en el país e instalaron la dictadura que se extendió por 17 años.

Tótoro Taulis es comunicador social. Producto de las circunstancias políticas del país, en 1987 interrumpe sus estudios de Biología, radicándose en Argentina y en Canadá, donde se acerca a proyectos comunitarios en relación a la contingencia latinoamericana de las dictaduras hacia el final del Siglo XX.

Al centrarse en el contenido de La cofradía blindada, cabe la pregunta de cómo se explica que hayan ocurrido tantos hechos de desvío de dineros, privilegios y grados de autonomía en las fuerzas armadas chilenas. Al respecto, Tótoro postula a la no fiscalización y la debilidad de las instituciones, amparadas por una Constitución que entrampa la entrada de leyes que vayan en pos de revelar estos abusos, callados por largo tiempo, incluso en democracia. En palabras de Tótoro Taulis, “una Constitución que justifica la rigidez de un Estado que no está ahí para representar los intereses de un pueblo”.

Un aspecto crucial en La cofradía… es que no solo se hace referencia a las cuantiosas pensiones del personal del Ejército o a la manera en que CEMA Chile se adjudicó numerosas propiedades de forma gratuita, sino también a los mecanismos hasta ahora no revelados para acceder a más que generosas regalías. En particular, el libro detalla cómo es que Augusto Pinochet junto a su entonces Ministerio de Defensa, lograron obtener ganancias millonarias por diversos terrenos y propiedades en todo el país, y la gimnasia bancaria realizada para que varios de estos predios fueran a dar a la Caja de Previsión de la Defensa Nacional (Capredena).

Con un lenguaje cercano, sin pretensiones y agudo en los juicios, Tótoro Taulis, que en 1995 recibió el Premio de Periodismo Latinoamericano José Martí, logra traspasar su indignación por la seguidilla de atribuciones del ejército, y deja al lector con ganas de seguir ahondando en el secretismo tan característico de la institución.

La cofradía blindada: autonomía, negocios e insubordinación de las Fuerzas Armadas chilenas, de editorial Planeta, ya está disponible en librerías a lo largo de nuestro país.

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