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Seix Barral, 23/01/2017

Laurent Binet: "El lenguaje es el arma más poderosa"

A cuatro años de su aclamada novela HHhH, el escritor francés lanza ahora La séptima función del lenguaje , un hilarante thriller literario en torno al supuesto asesinato del crítico Roland Barthes. El caso lleva a Binet a explorar las vidas públicas y privadas de la intelectualidad francesa de los 80, como Michel Foucault, Julia Kristeva, Philippe Sollers, Louis Althusser y Jacques Derrida.

La tarde del lunes 25 de febrero de 1980, Roland Barthes caminaba por París de regreso a su casa. El crítico francés, uno de los mayores lingüistas del siglo pasado, venía de un almuerzo con François Mitterrand, que por entonces aspiraba seriamente a convertirse en Presidente de Francia. Mientras cruzaba la Rue de Écoles, justo frente al Collège de France, donde él llevaba la cátedra de semiología literaria, una camioneta de una lavandería lo atropelló. Barthes ingresó al hospital y de ahí no salió sino hasta un mes después. Muerto. Falleció el 25 de marzo de 1980. Tenía 65 años. La historia oficial habla de un accidente y no hay nada que haga dudar de ella. Pero al escritor Laurent Binet (París, 1972) le conviene dudar.

O, mejor, a Binet le conviene pensar en otra posibilidad: la ficción. Eso hizo y se puso a escribir una novela en que Barthes en realidad no tuvo un accidente, sino que detrás del atropello hubo una mano negra. Hubo un asesinato. El libro se llama La séptima función del lenguaje y es, si existe la categoría, un thriller literario: el inspector Bayard recluta a un joven profesor de lingüística, Simon Herzog, e inicia una investigación que lo sumerge en la fauna de la intelectualidad francesa de los 80, por la que circulan como sospechosos filósofos y escritores, como Michel Foucault, Julia Kristeva, Philippe Sollers, Louis Althusser, Giles Deleuze, Jacques Derrida e incluso el italiano Umberto Eco. El asesinato pudo ser el resultado de una guerra de egos o, quizás, Barthes sabía algo que no debía saber: la verdadera séptima función del lenguaje, descubierta con sorpresa y temor por el lingüista ruso Roman Jakobson.

Tan vibrante como la mejor novela de Dan Brown, La séptima función del lenguaje es un retrato de una era mítica de la intelectualidad francesa, en que los filósofos no solo llevaban hasta el extremo el pensamiento -en el desbande de lo posmoderno-, sino que también vivían radicalmente cada uno de sus postulados: mientras Foucault se paseaba por los saunas gay buscando prostitutos, un joven Bernard Henri-Levi aprendía de Sollers, el cerebro de la revista Tel Quel, a cómo ser un publicista de sí mismo. Es la desacralización de una era dorada y, a la vez, un homenaje a la semiótica y a Barthes. También es un policial. "Pero espero que no sea solo una novela de detectives, aunque lo es. También es una ucronía, una novela satírica y espero que sea muchas otras cosas", dice el escritor.

Binet atiende el teléfono en su casa en París. Acepta hablar en inglés. Es, por lo demás, un escritor ya internacional: su libro anterior HHhH (2011) ganó el Premio Goncourt a la primera novela, fue llevada al cine y disputó en Estados Unidos el premio del Círculo de Críticos. Ahí, Binet contaba el atentado que sufrió el jerarca nazi Reinhard Heydrich en Praga, en 1942, pero no era la típica novela histórica sobre la Segunda Guerra Mundial: mientras narraba los hechos, Binet introducía en la trama el proceso de su escritura, reflexionando hasta dónde podía apegarse a la realidad o dejarse llevar por la ficción. Cuatro años después, aceptó el llamado de la ficción.

"Hay dos tipos de escritores. Aquellos que quieren escribir el mismo libro durante toda su vida y aquellos que deciden cambiar. Yo soy de estos últimos: no quiero seguir escribiendo sobre la Segunda Guerra Mundial durante el resto de mi vida", dice Binet. "Es cierto que mis dos novelas comparten la problemática de cómo resolver la tensión entre realidad y ficción, pero las enfrento desde ángulos opuestos. En HHhH me resistí a la ficción; escribí el libro desde el lado del narrador histórico que pretende atenerse a los hechos. Mientras que en La séptima función del lenguaje mi idea era jugar con la historia, retorcer los hechos", explica.

Además de imaginar que Barthes podría haber sido asesinado, Binet introduce en la novela un grupo secreto de larguísima data, que reúne a intelectuales y adeptos a la palabra, el Logos Club, en donde se dan discusiones al estilo de los sofistas griegos en que los participantes si pierden, también pierden un dedo. La idea, dice el escritor, viene de los debates de Sócrates o Pitágoras, pero también del libro y la película El club de la pelea, de Chuck Palahniuk. Y en esa línea se trata de discusiones salvajes, un poco como aparece retratado en la novela el escritor y hoy director literario de editorial Gallimard, Philippe Sollers: un ególatra verborreico que actúa como un payaso. En la vida real, Sollers se comportó a la altura: desplegó una intensa campaña para denostar La séptima función del lenguaje. "Quería burlarme un poco de Sollers y no me sorprendió que no le gustara el libro, pero sí que aún tenga tantos amigos dispuestos a atacarme", dice Binet.

- "La vida no es una novela. O al menos eso es lo que a ustedes les gustaría creer", se lee al inicio del libro, y ese es un problema que vive durante el libro uno de los protagonistas. ¿Ha tenido usted problemas con esa distinción?

- Mi libro tiene que ver con cierta paranoia clásica: qué es real y qué es simplemente un sueño. Es una antigua pregunta que ya estaba en Shakespeare o, como lo planteó Calderón de la Barca, La vida es sueño . Pero también se trata de una interrogante actual: pienso en la película Matrix. Es una problemática que me interesa: cómo conectar aquello que es real con lo que es ficción. Pues creo que la ficción nos ayuda a construir la realidad. Sin Cervantes o Shakespeare, nuestras ideas sobre la vida serían muy diferentes.

- ¿De dónde viene su interés por el universo de la lingüística y, en particular, por este grupo de intelectuales?

- Antes que nada, viene de mi trabajo como profesor, aunque realmente todo nace de mi interés por Roland Barthes. Barthes fue quien me enseñó cómo explicar los textos, cómo deconstruirlos y cómo llegar a decir y escribir algo interesante sobre un texto. Creo que incluso Barthes fue importante para mi cerebro: me hizo una persona más inteligente. Y luego, tuve una pareja que hizo un PhD en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, y estaba muy interesada en lo que llaman French Theory. Ahí descubrí a todos esos filósofos e intelectuales con los que, en realidad, no estaba familiarizado: Derrida, Deleuze, Foucault. Con ella fui varias veces a Cornell y pude conocerlos. Después, un paso llevó al otro, hasta que apareció la idea para esta novela.

- O sea que tuvo que salir de Francia e ir a Estados Unidos para conocer a este grupo de intelectuales franceses.

- Sí, y es muy significativo. En Francia sabemos los nombres de todos estos autores, pero no los estudiamos. Yo no tuve que leer a Foucault en la universidad. Y en Estados Unidos, cualquier estudiante de pregrado de literatura tiene que leer a Foucault o a Derrida. Aunque Barthes es un caso especial: el sí es muy estudiado.

- Pensando en cómo el grupo de filósofos y lingüistas de su novela se obsesionan con las posibilidades de la séptima función del lenguaje, ¿cree que en algún momento la lingüística exageró la importancia que le dio al lenguaje?

- No. De hecho, creo que el centro de la novela es que el lenguaje es el arma más poderosa. Si eres el maestro del lenguaje eres el maestro del mundo. Creo que aquellos lingüistas y teóricos de la semiótica mostraron cómo el lenguaje está imbricado en todo, incluso ahí donde nos parece que no hay intención de comunicar. Lo que nos enseñó la semiótica es que todo está hablando: tu ropa, tu auto, la publicidad, etc., y dicen mucho más de lo que creemos a primera vista. Las herramientas que nos entregaron aún son muy útiles para entender el mundo y, por supuesto, todo lo que está pasando en internet.

- En la novela, todo ese grupo de intelectuales no solo son retratados como investigadores relevantes, sino también como grandes hedonistas, muy envidiosos y que libran una batalla de egos con sus pares.

- Es cierto. El mundo de la academia es un gran campo de batalla de egos. No es nada nuevo. Sobre el lado hedonista de sus vidas, depende de cada caso: conocemos muy bien la vida de Barthes porque lo dejó escrito en diarios, mientras que Foucault era completamente público en ese aspecto de su vida, nunca lo escondió. De la vida privada de Deleuze o Derrida no se sabe tanto, así es que no la exploré. Mi interés no era revelar secretos, sino dar cuenta de hechos conocidos. Usé ese material porque desde el momento en que decidí construir mi libro como una novela de detectives me vi obligado a investigar el estilo de vida de los implicados en el crimen y de la gente que lo rodea. Y en cierto punto tuve que entrar en el universo de la prostitución juvenil de París de esos años: Foucault y Barthes acudían a ese universo.

- Quizás también por el estilo de vida que llevó ese grupo de intelectuales franceses en los 80 fueron tan reconocidos pública y políticamente. ¿Se acabó esa era?

- No, no lo creo. Ya no estamos en la era post mayo del 68, estamos en un mundo diferente. Pero todavía hay un importante grupo de intelectuales públicos, aunque ya no son las estrellas que fueron Barthes o Foucault. Las estrellas hoy son otras figuras. Foucault haría distinción entre los intelectuales específicamente y los intelectuales mediáticos, lo que es un poco tramposo porque él operaba como ambos. Aunque es posible que en esos tiempos los intelectuales fueran más serios y más especializados. Foucault pasó mucho tiempo hablando básicamente de la prisión y luego, sobre sexualidad. Ahora hablan de todo. Como Michel Onfray o Alain Filkenkraut, que tienen opiniones sobre todo. De alguna forma, Bernard-Henri Levi es uno de los grandes impulsores del típico intelectual mediático. Uno podría calificarlo de avant garde : ya estaba ahí 30 años atrás, como Sollers. Deleuze decía que un filósofo o un pensador es alguien que crea conceptos, tiene ideas, pero estos tipos son muy ruidosos y en realidad no tienen ideas. Los grandes intelectuales hoy tienen un perfil más bajo, como el economista Thomas Piketty.

- ¿Ha estado a la altura la clase intelectual francesa en la discusión del extremismo islámico y el terrorismo? No creo. La derecha está utilizando el problema del Islam como una forma para hacer aceptable el racismo y a la izquierda, demasiado asustada de parecer racista, le cuesta mucho criticar a las religiones considerando que toda religión es una fuerza contra el progresismo. Creo que quien mejor encaraba el problema era la revista Charlie Hebdo, que se reía de todas la religiones y no hacían excepciones con el Islam. Funcionaban en una tradición volteriana. Por supuesto, al final todo salió mal y se convirtió en una tragedia. Entonces, nadie está lidiando muy bien con el terrorismo en Francia, pero, al mismo tiempo, es tan sorprendentemente terrible y confuso. No es para nada fácil.

"Barthes fue quien me enseñó cómo explicar los textos. Creo que incluso fue importante para mi cerebro: me hizo una persona más inteligente".

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Editorial Planeta, 16/01/2017

Waldo Parra, escritor: Chile siempre ha sido una conspiración

Doctor en Derecho, Parra dio un giro de timón que lo llevó a convertirse en escritor conspirativo vendiendo más de ocho mil ejemplares de su primer libro: Masones y Libertadores. Con la segunda entrega continúa la historia de los próceres que fundaron la República y su aventura por la independencia. Son dos años de investigación que lograron dar nacimiento a esta saga que compara como un "Harry Potter para adultos", aunque le es inevitable la comparación con Star Wars, en un Chile que aún no encuentra a su Luke Skywalker.

Como una mezcla entre la historia y la ficción se podría resumir la obra del escritor Waldo Parra, quien lanza su libro Masones y Libertadores - parte 2, cuyo antecesor ya llegó a su cuarta edición con más de ocho mil ejemplares vendidos.

Parra recrea la historia de Chile en una novela histórica a partir de las conspiraciones que involucraron a los padres de la patria, de José Miguel Carrera a Bernardo O'Higgins. En entrevista con Cambio21 reconoce que el país está construido en "capas", la historia real, la políticamente correcta y la que es tapada por el lado ganador.

Para resumir, dice Parra, el libro podría considerarse como un Harry Potter para adultos, por su relato trepidante e incluso lo compara con Star Wars, en que "San Martín es una especie de Darth Vader y Francisco de Miranda una especie de Obi Wan Kenobi, pero todavía tenemos que saber quién es Luke Skywalker".

El libro transcurre en los años convulsos de las guerras napoleónicas, el conflicto bélico que abrirá las puertas a la independencia de las colonias españolas en América. Con hechos reales y conversaciones ficticias, se abre una puerta a nuestra historia secreta.

¿Con el libro uno siente la influencia de grupos en el nacimiento de la república? ¿Qué tan profundo es eso?

Los lazos de los masones con Chile son de mediados del siglo 19. Si bien hay grupos que se formaron en los años 30 en la lógica de la masonería francesa. En Chile ha sido protagonista de nuestra historia y en la política es indudable. Podemos encontrar líderes políticos y en otras actividades de nuestra sociedad que han sido masones.

La primera parte tuvo una acogida no menor y se suma a la ola de novelas históricas que son éxito en el país ¿De dónde nace el interés chileno en este tipo de libros?

Como dicen por ahí: es el lugar adecuado en el momento oportuno. Al parecer esto viene por época. En años anteriores estaban de moda los libros de autoayuda, los juveniles y los de vampiros.

La historia siempre ha estado ahí, siempre ha habido un interés. Uno se encuentra con que los libros de Jorge Inostroza, por ejemplo, con Adiós al Séptimo de Línea, que son novelas históricas y que se venden muy bien. Creo que sin perjuicio de que hoy hay un boom sobre ellas, siempre ha existido un interés.

La conspiración es un tema común en ellos. ¿Ve un nexo con los momentos actuales?

No sé si el interés nazca pro lo que vivimos hoy. Creo que está vinculado a una tendencia desde el Código Da Vinci. Hace un par de año que se instaló un tipo de novela conspirativa. En mi caso, sí coloco esos elementos, no los invento, la historia nuestra y latinoamericana tiene muchos hechos de ese tipo, partiendo con que la primera entrega de Masones y Libertadores parte con una conspiración en Inglaterra, cuando los masones se dan cuenta que gobiernan ahí, pero que hay una oportunidad para obtener, si no los territorios españoles en america, sí la influencia sobre ellos.

La conspiración es muy seductora para los libros, pero en mi caso me hizo sentido que la historia de Chile tiene elementos de conspiración.

Se queda con la sensación que Chile siempre ha sido una conspiración.

Sí y no solamente Chile. En el libro hay tres historias en paralelo, de los proceres de Chile, pero también de ellos que lucharon por la independencia de Argentina, de Venezuela y Colombia. Te das cuenta que para avanzar en sus objetivos, muchas veces tuvieron que hacer conspiraciones y a veces tranzar sus principios. Simón Bolívar, en mi libro, cuento su historia y su llegada a Venezuela desde Europa y cómo finalmente termian traicionando a Miranda, su amigo. Lo que es un contrasentido si lo vemos como un libertador, pero que tuvo que hacer muchas cosas.

Con estos libros se criticó que la atacaban a los padres de la patria ¿Cómo toma eso para su obra?

Estos son hechos reales, no invento nada.

Pero quizá es la historia desconocida, la que no es la políticamente correcta.

Todos estos libros son entretención, no es más que eso. Quien pretenda encontrar algo más, no se puede evitr. Esto es entretención con base histórica, por lo tanto no es ciencia en historia. Me fui por ese lado para poder tener la licencia para poder escribir con libertad. Efectivamente la historia la cuentan los vencedores y uno puede decir que en los libros de historia no se encuentra todo, porque no se ha querido mostrar. Para Chile es novedoso decir que San Martín era un espía inglés.

Entonces vivimos en un Chile de capas, entre lo políticamente correcto, lo real y lo que no se quiere contar.

Siempre ha sido así. Ahora con internet y la globalización de las comunicaciones diría que la gente tiene la oportunidad de tener mucha más información que antes.

La crítica recurrente era que se ponía en duda el valor de O´Higgins en la independencia, que no habría sido un héroe de guerra.

Es mérito de O'Higgins no es haber ganado batallas, es haber tenido la valentía suficiente para luchar contra el enemigo, pero acá ha habido tergiversaciones cuando se le coloca en una posición que no le corresponde.

¿Tomó el lugar de quién?

Este segundo libro es potente en mostrar a un Carrera que era un super star, eso es lo que nosotros como chilenos no sabemos, pero todavía no hay libros que lo muestren totalmente.

Lo importante es que la gente se interese por el libro, suele ser los más adultos. Pero, por ejemplo, las imágenes de Carrera son tipo cómic, entonces son entretenidas porque engancha a un lector más joven, lo mismo cuando  me mencionen Star Wars. En serio, estoy convencido que es como la serie de Harry Potter, pero para adultos.

Siempre digo que San Martín es una especie de Darth Vader y Francisco Miranda una especie de Obi Wan Kenobi, habría que preguntarse Luke y Han Solo.

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Editorial Planeta, 10/01/2017

"Historia universal freak. Volumen II": Los nuevos 763 datos freak de Joaquín Barañao

El autor acaba de publicar la continuación de su particular investigación. Su siguiente paso será escribir sobre cine.

Un dato freak no es un récord. El autor Joaquín Barañao (34) lo define como información objetiva y, a la vez, como un dato sorprendente e inesperado. Por ejemplo, que Napoleón Bonaparte diseñó la bandera italiana basada en la francesa (quiso reemplazar el azul por su color favorito: el verde); o que este mismo personaje era en realidad más alto que el francés promedio de la época. También que la cuarta chimenea del Titanic no funcionaba y cumplía un rol meramente estético, para hacerlo más impresionante. O que Picasso fue arrestado en 1911 por un crimen que no cometió: el robo de "La Mona Lisa", en el Louvre. En total, son 763 curiosidades las que se explican en el segundo volumen de su libro Historia universal freak (Planeta, $11.900), que acaba de llegar a librerías, en el que aborda hechos históricos desde Napoleón hasta nuestros días.

Joaquín Barañao es ingeniero, pero solo ha hecho algunas asesorías como tal. Nunca pensó estudiar Historia, "porque no experimentaba una sensibilidad particular por ella ni se me pasaba por la cabeza escribir un libro", comenta. Pero siempre fue una persona ávida de información y tenía una increíble capacidad para retener datos. Es por eso que en 2003 creó el sitio web Datosfreak.org, para agrupar esa información. Actualmente, la página incluye 3.600 curiosidades.

Barañao ya ha escrito cuatro libros con esos datos: Historia universal freak (volumen I y II), Historia freak del fútbol -los tres publicados por Planeta- e Historia freak de la música -disponible en Amazon, con posibilidades de publicarse el próximo año-. Actualmente está escribiendo sobre el cine y confiesa que después le gustaría hacer uno sobre la historia de Chile.

-¿Para qué sirven los datos freak?

"La primera razón es que generan cierto tipo de felicidad, que es la que está asociada al entendimiento. Segundo, porque los datos freak son anclas en la memoria. Operan como un pretexto, una puerta de entrada, como un medio de qué agarrarse. Por ejemplo, si uno se pregunta de qué época es María Antonieta, puede ser que no te acuerdes de su genealogía, porque el cerebro humano no es hábil para retener ese tipo de información, pero es mucho más probable que tu cerebro retenga una anécdota tan curiosa como que Mozart, cuando era niño, le pidió matrimonio a María Antonieta, y de inmediato te ubicas temporalmente. Si bien pueden no ser importantes en sí, se quedan amarrados en tu cabeza y te permiten recoger información que sí puede ser fundamental. Y tercero, muchos datos freak son ilustraciones de cómo ha evolucionado la humanidad".

-¿Se considera un historiador?

"Tajantemente no, porque un historiador tiene que ser capaz de expandir el conocimiento histórico disponible y yo solo recojo conocimiento ya existente y lo relato de un modo particular, con un énfasis en aquellos elementos anecdóticos".

¿Cómo llega a los datos y cómo los verifica? Barañao explica que siempre está leyendo libros de historia y a autores "lo suficientemente serios para encontrarlos citables. Pero también hay que leer un segundo tipo de libros, de curiosidades, que suelen no ser muy serios, pero ahí es donde uno puede recurrir a las herramientas contemporáneas de verificación". Y explica que su principal fuente es Google Books. "Pero en algún punto uno tiene que decir suficiente, de ahora en adelante puedo creer, porque sino este proyecto sería imposible. Si uno exigiera un estándar de verificación, llamémoslo 'sin riesgo de error', no terminaría nunca el proyecto. El riesgo de que surja un mito y que un autor que consideras prestigioso lo cite y lo dé por cierto, y luego eso se replique en 500 libros, es un error al que uno siempre está expuesto".

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Editorial Planeta, 03/01/2017

Historia universal de la violencia

El nacimiento y las características de 40 grupos guerrilleros y terroristas de las últimas décadas. Eso se propone contar el sociólogo Luis Felipe Silva en su libro Vidas armadas, en librerías a contar de enero. Un viaje al corazón de la lucha organizada y las motivaciones que la detonan.

Sabe que no hay una respuesta definitiva. A la hora de definir qué es guerrilla y qué es terrorismo, o más bien al momento de diferenciar los conceptos, Luis Felipe Silva, sociólogo de 34 años y autor de Vidas armadas. Cuarenta grupos guerrilleros y terroristas que cambiaron la historia, prefiere mejorar la pregunta antes que ofrecer una perorata: en qué momento y desde qué bando ideológico y moral intentamos comprender (y legitimar) ambos términos.

"El terrorismo es más una dinámica que una estructura", precisa el autor en la introducción del volumen de 300 páginas y que aborda grupos germinados en todo el mundo desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy. "Generalmente, cuando pensamos en terrorismo solemos asociar el concepto a grupos o individuos que cometen actos criminales que buscan generar miedo o terror en sus enemigos". Y complementa: "Guerrilla es una organización civil con fines ideológicos o religiosos que utiliza alguna forma de estructura militar para luchar por su objetivo desde la clandestinidad".

Mientras escribía el libro, Silva terminaba su magíster en Relaciones Internacionales y pudo preguntarles a muchos expertos sobre las diferencias entre ambos términos, pero fue imposible llegar a una conclusión. Además, sumó otro concepto difícil de definir para las ciencias sociales modernas: el populismo. "Todo el mundo se trata de populista, todos hablamos de terrorismo, pero sólo sumamos definiciones", dice.

Silva vivió cuatro años en México y se especializó en el estudio de grupos extremos. Su primer libro se tituló El fútbol y la guerra (2015), y prepara otro sobre las barras bravas en Chile. Trabajó en universidades del estado de Jalisco y como comentarista de TV. Fue entonces cuando comenzó a interesarse en el fenómeno que hoy lo ocupa.

"Allá conocí de cerca la violencia. Pese a que estaba en una zona tranquila, de todos modos se vive el miedo. El miedo original, por ejemplo, a que secuestraran a mi polola. Algo que acá en Chile jamás se me pasaría por la cabeza que pueda ocurrir. Allá hay una violencia civil, muy distinta a la que viene de algún ente del que uno podría esperarlo, como los aparatos de represión en una dictadura".

Como la diferencia entre violencia política y violencia narco.

Claro. En este libro no toqué el narcotráfico porque me interesaban las motivaciones de la violencia a partir de ideales, no monetarias. El dinero siempre está presente, pero no sé si los grupos guerrilleros centroamericanos realmente pelean por dinero. Pelean por no ser tan pobres. Al final, todos los que se alzaron en armas consideraron que la institucionalidad en que vivían no les daba una forma de expresar su malestar.

Tu libro está cruzado por la intimidación que genera la violencia.

La intimidación es clave. En el mundo tenemos democracias por el miedo a las dictaduras. Todos odian la democracia, pero más odiamos a las dictaduras. Tenemos policías por miedo a matarnos entre nosotros. Mucha gente comienza a ir a la iglesia después de los 60 años porque intuye que pronto llegará su hora. El miedo a lo malo que nos pueda ocurrir define lo que somos como cultura.

Pero la violencia siempre es relativa a nuestros intereses y eso genera doble estándar, ¿no?

Sí, como cuando se pone al humanismo por debajo del idealismo: primero las ideas y luego las personas. El pinochetista acérrimo hace eso: primero habla de lo bueno que hizo la dictadura y luego admite que mató gente. Lo mismo un castrista duro.

Revisando la historia de estos grupos, hay un elemento que influye bastante: las formas de violencia tienen que ver con la geografía.

Sí, porque grupos insurgentes habrá siempre y en todos lados, pero la geografía es importante: están los territorios selváticos, útiles para las guerrillas porque permiten hacer mucho daño con poca gente y esconderse rápido. En el caso de Chile, la geografía no se presta para eso. Los grupos guerrilleros chilenos tuvieron ese problema. Somos un país muy vigilado. A diferencia de las selvas de Centroamérica, ¿qué se puede hacer en el desierto de Atacama? En el libro hay reseñados grupos como el MIR y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez que, si yo no fuera chileno, no valdría la pena incluirlos pues su nivel de violencia fue muy pequeño, menos que básico. Quizás el MIR hizo más o algunos actos del FPMR pueden considerarse relevantes. En cualquier caso, me interesó incluirlos pues son una referencia para que el lector saque sus conclusiones en relación a los otros movimientos.

El capítulo sobre el Ku Klux Klan en Estados Unidos inevitablemente será leído considerando la contingencia. Sobre todo por las razones que lo hicieron formar.

El racismo en Estados Unidos es un invierno frío o un invierno seco, pero invierno igual. Es decir, está ahí, dormido o no. Y me interesó incluirlo en esta lista porque es una organización que genera terror. Si bien no es guerrillera como los centroamericanos o los asiáticos, sí genera intimidación y alarma con hechos concretos.

Eso hoy es clave en las redes sociales. No sólo es propaganda, también es una advertencia, una demostración de fuerza o de hasta dónde pueden llegar.

Es un arma que antes no existía. Están los videos que ha difundido el Estado Islámico. Aunque hoy se debate si es que algunos son trucados e incluso confeccionados por la CIA, existe mucho material que demuestra la preparación que tienen. Ellos buscan unir al mundo árabe contra un enemigo común, el que los hará crecer a todos convencidos. A diferencia de los grupos de Centroamérica que en los 70 lanzaban panfletos contra el imperialismo y el sistema capitalista en pueblos donde la gente apenas sabía leer... bueno, y por eso terminaron asociando todo a la Teología de la Liberación: el cristianismo como reflejo socialista y Jesús expulsando a los mercaderes del templo. La religión fue una manera efectiva de unir a la población, tal como terminó ocurriendo en el mundo árabe. Dejaron de mirar al imperialismo israelita y estadounidense... ahora son judíos y cristianos peleando contra musulmanes.

¿Cuál fue el grupo más difícil de entender?

En nuestro caso, desde Chile podemos tener más sintonía con los grupos que actuaron o actúan en el resto de América y de Europa, pues sus razones son, en general, políticas; con los grupos religiosos es similar: uno puede entender de dónde vienen sus ideas sin ser religioso. Pero con los africanos, como Boko Haram o Al-Shabaab, fue complicado pues viven en una sociedad diferente. Sus problemas son muy distintos... pero siempre hay una manera de entender. Incluso el peor de los violentos tiene una solución creativa que lo exculpa de sus pecados.

La disonancia cognoscitiva: buscar la manera de justificarse y legitimar.

Todos tienen una manera de explicar lo que hacen. Boko Haram y Al-Shabaab luchan por la educación, lo que puede ser loable, pero según nuestra mirada es una educación terrible, privativa con las mujeres, entre muchas otras restricciones. Los zapatistas son muy famosos en el mundo, pero han asesinado a cuatro o cinco personas en toda su historia, en cambio Boko Haram en cada atentado deja 100 o 200 muertos y es muy poco lo que sabemos de ellos.

Todo tiene una forma de acomodar las cosas.

Las guerras religiosas y la intervención norteamericana son eso. Desde nuestra mirada de sociedad católica vemos todo de manera más calmada. Nos cuesta pensar en una guerra religiosa porque somos o nos creemos más tranquilos y civilizados, pero desde el punto de vista de Medio Oriente, ellos ven a un grupo de cristianos asesinando a musulmanes. Es curioso el tema, pero abarca todos los ámbitos. Incluso el deportivo: cuando el Real Madrid hace sus giras por el mundo árabe, quita la cruz de su insignia. Y ninguna camiseta del club que se vende allá la tiene.

Las conclusiones de tu libro son pesimistas. Pese a que dices que muchos grupos activos van a desaparecer.

Sé que el Estado Islámico va a desaparecer sin que haya logrado el total de lo que se propuso, pero van a dejar un montón de escuelas detrás, pues los problemas de la región hasta ahora no tienen manera de solucionarse. No hay gobiernos fuertes, Estados Unidos sigue presente y nadie espera que Israel se vaya. Incluso los grupos más fuertes no piden eso sino que las cosas vuelvan a las fronteras que había antes de la guerra de 1967. Pero seguirán los grupos que verán en la religión una fuente para el éxito. Aunque el Estado Islámico fracase, dejaron un precedente mundial, incluso absorbiendo a Al Qaeda. Su objetivo es ser un ejército fuerte, capaz de defenderse en el desierto de manera efectiva. Además, saben que Trump no mandará tropas. Al menos en un primer momento y, si se decide a hacerlo, de seguro las cosas se pondrán peores.

¿Y en Sudamérica?

Debiéramos estar tranquilos. La vía democrática se ha asegurado bastante bien. Que Venezuela no haya presentado movimientos de guerrilla fuertes asegura que aprendimos la lección. Traté de buscar grupos armados venezolanos relevantes, pero todos son muy pequeños. Aunque sí han derivado al pandillismo.

Son los "descolgados", ¿no? Como las maras en El Salvador.

Es la gente que queda fuera. Son los del "¿Y ahora qué?". Se han vuelto expertos en armas. Dicen: "Terminó la guerra, pero mi ideología sigue y me quedé con las armas. Entonces voy a la calle". En Chile eso no ocurrió porque el poderío del Ejército y la policía fue muy superior al de los movimientos armados. Y eso se ve en La Araucanía. ¿Hay allá guerrilla? No. Ni guerrilla ni terrorismo.

Pese a la cobertura mediática.

Mucha. Pero es porque somos un país muy nuevo e inocente al respecto. Lo que pasa con (la coordinadora) Arauco Malleco, si ocurriera en Centroamérica, sería como un grupo de vecinos que está enojado. Nada más.

Y entonces volvemos a la pregunta inicial.

Si el Ejército Libertador de los Andes existiera hoy, sería un grupo terrorista... o un grupo guerrillero, pero una vez logrado su objetivo y liberado el país, se transformaron en como se les recuerda: un ejército libertador. Y eso está cruzado por la ideología. Y por la moral.

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Editorial Planeta, 27/12/2016

Escocia y el Lago Ness en el nuevo libro de Sara Gruen

"A mí las ideas me llegan como un chispazo", señala la autora canadiense acerca de cómo se le ocurrió la trama de su última novela, El agua de la vida (Planeta).

Tras la publicación de su tercera novela, Agua para elefantes (2006), la escritora canadiense Sara Gruen alcanzó el N°1 de la lista del The New York Times; su libro se tradujo a 45 idiomas, vendió más de 10 millones de ejemplares en todo el mundo y, como si fuera poco, en 2011 se estrenó una película basada en este.

Ahora se tradujo al español su quinta y última novela, El agua de la vida (Planeta, $16.900), que ya se encuentra en librerías chilenas. Esta vez, el relato se sitúa en Escocia, a fines de la Segunda Guerra Mundial. Es la historia del autodescubrimiento de Maddie, una joven estadounidense que viaja a Escocia junto a su rico y malcriado marido, y el mejor amigo de este, para probar la existencia del monstruo del Lago Ness.

Pero, ¿cómo es escribir después del enorme éxito de Agua para elefantes? En una entrevista telefónica desde su casa, en Carolina del Norte, EE.UU., la autora comenta a El Mercurio que en un principio sintió una gran presión, porque tomó conciencia que ya no solo sería leída por su marido. "Ahora finjo que todo el mundo de la industria editorial no existe, porque si escribo consciente de ese público no me funciona y los personajes no vienen hacia mí".

El monstruo interior

Como le ocurre siempre, la historia de El agua de la vida simplemente se le apareció: "A mí las ideas me llegan como un chispazo, aparecen de la nada y después voy construyendo desde ahí. Llega cuando llega, aún si no estoy lista...", comenta. Y esto le puede ocurrir en cualquier parte: "Mi hijo me regaló una polera que decía 'Cuidado, o terminarás en mi novela'. ¡Y es verdad! Porque si estoy caminando por la calle y pasa gente al lado mío puedo sacar dos frases geniales".

Hace cinco años leyó un artículo en internet que hablaba de la desclasificación de unos documentos sobre el monstruo del Lago Ness. Eso despertó su interés y decidió viajar a Drumnadrochit, Escocia, para investigar -"una de las partes favoritas de mi trabajo"- y "para tratar de encontrar el libro".

Estuvo cinco semanas tratando de "absorber todo lo que me rodeaba, lo que escuchaba, el acento, cómo se sentía el aire, cómo olía el Castillo de Urquhart (...). No escribí en ese momento". Incluso entrevistó a personas que vivieron ahí durante la Segunda Guerra Mundial.

Gruen explica que su proceso de escritura comienza por definir dónde y cuándo va a ambientar la historia. "Es mejor partir escribiendo y desarrollar la historia en el camino. Eso significa más borradores, mucho más trabajo, pero después los personajes parecen reales incluso en mi cabeza", comenta. Con Maddie, por ejemplo, confiesa que llevaba escrito dos tercios del libro cuando se dio cuenta de que tenía que convertirla en el personaje principal, y tuvo que cambiar todo el relato a primera persona.

-¿El monstruo del Lago Ness tiene un valor simbólico en la historia?

"Absolutamente, a lo largo de todo el relato. Es una mirada al monstruo dentro de nosotros y en las demás personas y cómo nos enfrentamos a eso. En este caso, Maddie es quien toma una gran decisión y ve su propia verdad".

Sara Gruen adelanta que actualmente está escribiendo un libro situado en el período entre guerras, en el Oriental Express.

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Editorial Planeta, 19/12/2016

Carolina Bazán: Viaje a la semilla

Con su restorán Ambrosía figurando en el mapa de la gastronomía mundial como uno de los mejores de Latinoamérica y a meses de abrir uno nuevo en Providencia, la chef Carolina Bazán (36) acaba de lanzar De temporada, un libro de cocina inspirado en una canción de Daft Punk que busca mostrar el origen de sus platos. "Todo en la vida tiene su ciclo", dice.

Carolina Bazán tenía 18 años en 1998 cuando MTV emitió por primera vez el video de la canción Revolution 909, de Daft Punk. Lo recuerda con precisión: la imágenes muestran una fiesta en un callejón donde aparece un oficial de policía que busca terminar con una juerga. Una joven que es capturada por el policía nota una mancha de salsa de tomate en su uniforme. En ese momento la cámara hace un close up en la mancha y muestra, de manera retrospectiva, una semilla de tomate que es plantada, los brotes de la planta, el fruto cosechado y un largo trayecto hasta que se convierte en la salsa que está chorreada en la camisa del oficial. "Ese video me ralló. Te cuentan toda la historia que hay detrás de esa simple mancha de salsa de tomate. Por eso cuando pensé en hacer un libro lo primero que se me vino a la cabeza fueron esas imágenes: yo quería mostrar la historia que hay detrás de mis platos", dice Carolina.

300 fotos, 40 recetas y siete viajes a lugares donde sus proveedores trabajan los productos con los que ella afana en su cocina día a día, son los que le dan vida a De temporada, un libro de cocina inspirado en una canción de Daft Punk (Planeta). "La gente ve solo el plato en la mesa pero y: ¿qué hay detrás? Personajes únicos, familias enteras que lo dan todo por una buena cosecha, que le sacan brillo a una trufa, que se rompen el lomo en el mar por un pescado. Cuando uno conoce el origen de un producto, quien lo cultiva y lo cosecha, el plato toma un sentido emocional", dice.

Hacer este libro, junto a su pareja y partner de trabajo, la sommelier Rosario Onetto, le tomó casi dos años. Viajaron a distintas regiones, en distintas estaciones del año para documentar desde la pesca artesanal en El Quisco hasta la cosecha de la trufa chilena en el sur. "Para que un plato salga bueno hay que tener paciencia y nunca apurarlo. Lo mismo con los productos. Lo mismo con este libro y con todo lo que hago. Todo en la vida tiene su ciclo", dice Carolina.

La semilla

Acababa de egresar del Culinary, tenía 23 años cuando su mamá, la banquetera Luz María Bañados, le propuso abrir un restorán en el centro de Santiago, justo detrás del Museo Casa Colorada. "Esa fue la semilla, ahí nació el Ambrosía y yo me lancé a manejar una cocina sin saber casi nada", cuenta. Le tocó dirigir por primera vez a un equipo en una cocina que era tres veces más chica que la que comanda hoy, que no tenía ningún tipo de ventilación y que en lugar de tener gas funcionaba con cocinas eléctricas que se echaban a perder todo el tiempo. "Tuve que ir aprendiendo sola en el camino, pegándome hartos tropezones. Yo me inventé a mí misma", dice.

Hoy llora de la risa recordando los platos que preparaba en ese entonces. "Cosas que jamás haría ahora como el Chicken Cordon Bleu que era una pechuga de pollo Sopraval rellena con queso camembert o un filete Croque Madame cubierto con una salsa con queso y jamón, y un huevo encima. ¡Imagínate!", dice. En esa época sus ingredientes los compraba en el supermercado, no tenía ninguna conexión con los proveedores y ocupaba mariscos y pescados congelados. Cosas que hoy le parecen una aberración. "Ahora si abres el freezer del Ambrosía solo encuentras hielo", dice.

En 2009 cuando ya llevaba 6 años a cargo del restorán familiar decidió parar. "Me empecé a ahogar. Me sentía haciendo más de lo mismo. Me preguntaba todo el tiempo: ‘¿qué más hago?’". Decidió irse a estudiar afuera. Siempre había querido hacerlo. En 2010 partió junto con Rosario a estudiar a Francia.

El brote

Instaladas en el centro de París, en el barrio Le Marais, Carolina hizo un curso en la escuela de cocina Ferrandi y Rosario un diplomado de Sommelier en Le Cordon Bleu de París. "Antes de llegar mis conocimientos gastronómicos eran súper ochenteros, ocupaba libros de cocina de mi mamá y creía que las estrellas Michelin eran lo mejor del mundo; entonces quería trabajar en un restorán con estrellas", cuenta. Eso hasta que llegó a Francia y se encontró con la tendencia gastronómica que reinaba en París en ese entonces: la bistronomie, diminutos restoranes donde el chef espera la llegada del producto más fresco y según eso define la carta del día. "Una cocina espontánea que requiere técnica pura para poder sacar lo mejor del producto en el momento", explica. Fueron sus compañeros de clase los que le hablaron sobre Frenchie, ícono entre los restoranes de este estilo, y cuyo chef, Grégory Marchand, quien trabajaba solo y no tenía refrigerador en su cocina, iba personalmente donde los pequeños productores de la zona a buscar su materia prima. "Era un restorán donde se comía como los dioses, sin estrella Michelin, en un barrio cero top, con un chef que hacía lo que quería y la estaba rompiendo. Había que reservar con 3 meses de anticipación. Me encantó y me di cuenta de que había un movimiento de chefs jóvenes que andaban en la onda "Fuck the Michelin star" y me hizo sentido. Hablé con mi profesor y le dije que quería hacer mi práctica ahí", cuenta. Era complicado entrar, el chef de Frenchie solo trabajaba con un ayudante y muchos querían el cupo. Entre los 30 estudiantes que postularon en su escuela, Bazán se ganó la práctica.

"Ahí me cambió la cabeza. Aprendí a respetar la estacionalidad del producto y la importancia de conocer su origen antes de que entre a la cocina. Además, agarré un ritmo de trabajo que no imaginé que era capaz de tener", dice. En los 6 meses que trabajó codo a codo con uno de los chef del momento en París, tenía que hacer de todo: desde sacar las habas de su vaina y después pelarlas hasta la mise en place completa de cada día. Era tanto el trabajo que le pidió a Marchand que le subiera su sueldo de practicante de 500 a 800 euros. "Me atreví porque sabía que me lo merecía", cuenta. Y lo consiguió, así como también que la dejara hacer cosas que no le confiaba a nadie como limpiar el pescado o hacer su famoso ravioli solar (receta que incluye en este libro).

Ahí, en la 5 Rue du Nil, Carolina dice que aprendió a cocinar el animal completo (no solo filete, el único corte que trabajaba hasta entonces). Que empezó a mirar el plato como una obra de arte y que se volvió una maestra en composición y en mantener vivo el color de los ingredientes. Que blanquear no es meter algo en agua caliente y después en agua fría: "es en agua hirviendo que tiene que estar salada como el agua del mar, y después en agua congelada con tanto hielo que la mano no aguante dentro", dice. Y que el cliente no siempre tiene la razón "porque que si alguien decide ir a tu restorán es para probar tu propuesta, no para comer lo que él quiera", dice.

Su paso por Frenchie la transformó como chef. Marchand se convirtió en su inspiración. Todavía usa el cuchillo que él le dio y el libroMomofukuque le regaló para su cumpleaños se convirtió en uno de sus referentes. A su vuelta a Chile en 2012 y después de estar un año haciendo comidas clandestinas en un edificio de Merced, el restorán Ambrosía se cambió de casa, desde el centro hasta Vitacura y Carolina decidió poner en práctica todo lo que había aprendido en Francia.

El fruto

El nuevo local conservó prácticamente solo el nombre. "Es otro restorán, sufrió una metamorfosis, porque después de París cambió mi forma de ver la cocina", dice. Se instalaron en un barrio residencial con un letrero que apenas se ve. "No quisimos instalarnos en una zona de restoranes porque nunca me ha gustado estar donde las papas queman y quería hacer algo diferente: darle al Ambrosía su propia personalidad", dice. A pesar de que su familia se mostró algo reticente a tanto cambio, Carolina se impuso. "Mi mamá quería mantener los clásicos de siempre y yo no había vuelto para seguir haciendo lo mismo. Había evolucionado como chef y eso se tenía que notar, así que me paré y golpeé la mesa. Dije: la carta va a cambiar todos los días y los productos mandarán. Si la gente quiere pescado y no hay pescado fresco, no se servirá pescado". Técnicas como la cocción al vacío, la mezcla de texturas y temperaturas y una propuesta más arriesgada le comenzaron a dar una nueva identidad al Ambrosía.

Y los cambios comenzaron a dar frutos. El mismo año de la nueva apertura el Círculo de Cronistas Gastronómicos la premió como la Chef del Año y la revista Wikén como Chef Revelación. Al año siguiente, en 2014, Ambrosía entró en la lista de los Latin America's 50 Best Restaurants con el puesto 37, en 2015 subió cinco lugares y este año alcanzó el número 20. "Los premios te van dando seguridad", dice. Esa es la razón por la que de a poco Carolina Bazán ha ido superando la timidez que la ha acompañado durante toda su carrera. Hoy se atreve a salir de su cocina si la llaman desde una mesa, algo que en el primer Ambrosía era imposible. "Después de años estoy conectando con el público que va al restorán. Antes me incomodaba mucho porque soy muy tímida pero ahora me estoy mostrando más porque estoy más segura de lo que hago", dice. Por lo mismo, hoy en el peak de su carrera y con su libro impreso quiere dar el siguiente paso; abrir un nuevo restorán: Ambrosía Bistró, un pequeño local para no más de 50 personas, que abrirá en marzo de 2017 en Providencia y cuya cocina será a la vista para que los comensales puedan interactuar con ella y sus cocineros. "Con este local apuntamos a un público más joven. Además, ahora que somos madres estamos buscando trabajar más cerca de la casa para poder tener más tiempo en familia. El tiempo es algo que valoro mucho hoy".

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Editorial Planeta, 13/12/2016

Decir lo que nadie se atreve a decir

Una bloguera que comenzó escribiendo a los 17 años y que hoy, dos años después, ha transformado su blog en un espacio de opiniones irónicas y crítica social, que ya se convirtió en un nuevo libro de la editorial Planeta.

Todo partió cuando Bernardita Danús, de 19 años, estudiante de ingeniería comercial, fue un día al mall. Allí vio algo que ella describe como "raro/insólito/nosequeadjetivousar". Al llegar a su casa necesitaba escribir lo que había visto, se hizo un blog y lo llamó "Polera de Perro". Tenía 17 años, estaba en tercero medio en el colegio Villa María, y mientras en su primer posteo describía a dos jóvenes que cuchicheaban sin sentido por los pasillos de un mall, nunca imaginó que dos años después su blog llegaría a tener 26.700 visitas en un solo día.

El sitio se transformó en un espacio donde Bernardita descargaba con un tono irónico sus opiniones sobre problemas y situaciones cotidianas. Algo que ha causado fascinación y carcajadas en muchos lectores, pero también el desprecio de otros. Basta leer unas pocas líneas para identificar una crítica al estilo de vida ABC1, al que la autora pertenece, y cuestiona desde cerca. Luego de un boom de visitas, y de su debut como columnista, la editorial Planeta se acercó a Bernardita para editar un libro, que lanzó a fines de octubre.

El editor de Planeta Juan Manuel Silva explica por qué la eligieron a ella y cuál es el trasfondo del libro.

"El hilo conductor es desnudar las falacias que las convenciones sociales nos hacen creer como verdaderas. Habla de su colegio, de ingeniería comercial, de los viajes, de la necesidad de tomar alcohol, de los homofóbicos, de los zorrones, de las mujeres que simulan gustar del fútbol, del aborto. Va de asuntos triviales a cuestiones más importantes sin miramientos. Eso requiere de mucho talento y claridad mental a la hora de desarrollar los temas sin perder el sentido del humor", dice Silva.

Para Bernardita todo partió como un pasatiempo, pero hoy, que ha llevado su blog al papel, para ella tiene otro significado.

"Por medio del libro puedo ser la voz de la gente que no se atreve a decir ciertas cosas, que a fin de cuentas son verdades. Me pasa mucho que me comentan y me dicen que piensan igual que yo, pero que creían que eran los únicos y no se atrevían a verbalizarlo", dice Bernardita.

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Editorial Planeta, 05/12/2016

Los nuevos 763 datos freak de Joaquín Barañao

El autor acaba de publicar la continuación de su particular investigación. Su siguiente paso será escribir sobre cine.

Un dato freak no es un récord. El autor Joaquín Barañao (34) lo define como información objetiva y, a la vez, como un dato sorprendente e inesperado. Por ejemplo, que Napoleón Bonaparte diseñó la bandera italiana basada en la francesa (quiso reemplazar el azul por su color favorito: el verde); o que este mismo personaje era en realidad más alto que el francés promedio de la época. También que la cuarta chimenea del Titanic no funcionaba y cumplía un rol meramente estético, para hacerlo más impresionante. O que Picasso fue arrestado en 1911 por un crimen que no cometió: el robo de "La Mona Lisa", en el Louvre. En total, son 763 curiosidades las que se explican en el segundo volumen de su libro Historia universal freak (Planeta, $11.900), que acaba de llegar a librerías, en el que aborda hechos históricos desde Napoleón hasta nuestros días.

Joaquín Barañao es ingeniero, pero solo ha hecho algunas asesorías como tal. Nunca pensó estudiar Historia, "porque no experimentaba una sensibilidad particular por ella ni se me pasaba por la cabeza escribir un libro", comenta. Pero siempre fue una persona ávida de información y tenía una increíble capacidad para retener datos. Es por eso que en 2003 creó el sitio web Datosfreak.org, para agrupar esa información. Actualmente, la página incluye 3.600 curiosidades.

Barañao ya ha escrito cuatro libros con esos datos: Historia universal freak (volumen I y II), Historia freak del fútbol -los tres publicados por Planeta- e Historia freak de la música -disponible en Amazon, con posibilidades de publicarse el próximo año-. Actualmente está escribiendo sobre el cine y confiesa que después le gustaría hacer uno sobre la historia de Chile.

-¿Para qué sirven los datos freak?
"La primera razón es que generan cierto tipo de felicidad, que es la que está asociada al entendimiento. Segundo, porque los datos freak son anclas en la memoria. Operan como un pretexto, una puerta de entrada, como un medio de qué agarrarse. Por ejemplo, si uno se pregunta de qué época es María Antonieta, puede ser que no te acuerdes de su genealogía, porque el cerebro humano no es hábil para retener ese tipo de información, pero es mucho más probable que tu cerebro retenga una anécdota tan curiosa como que Mozart, cuando era niño, le pidió matrimonio a María Antonieta, y de inmediato te ubicas temporalmente. Si bien pueden no ser importantes en sí, se quedan amarrados en tu cabeza y te permiten recoger información que sí puede ser fundamental. Y tercero, muchos datos freak son ilustraciones de cómo ha evolucionado la humanidad".

-¿Se considera un historiador?
"Tajantemente no, porque un historiador tiene que ser capaz de expandir el conocimiento histórico disponible y yo solo recojo conocimiento ya existente y lo relato de un modo particular, con un énfasis en aquellos elementos anecdóticos".

-¿Cómo llega a los datos y cómo los verifica?
Barañao explica que siempre está leyendo libros de historia y a autores "lo suficientemente serios para encontrarlos citables. Pero también hay que leer un segundo tipo de libros, de curiosidades, que suelen no ser muy serios, pero ahí es donde uno puede recurrir a las herramientas contemporáneas de verificación". Y explica que su principal fuente es Google Books. "Pero en algún punto uno tiene que decir suficiente, de ahora en adelante puedo creer, porque sino este proyecto sería imposible. Si uno exigiera un estándar de verificación, llamémoslo 'sin riesgo de error', no terminaría nunca el proyecto. El riesgo de que surja un mito y que un autor que consideras prestigioso lo cite y lo dé por cierto, y luego eso se replique en 500 libros, es un error al que uno siempre está expuesto".

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Editorial Planeta, 30/11/2016

"Caciques": Ormeño, Garrido y Pizarro, la historia de Colo Colo bajo la mirada de Axel Pickett

La obtención de la Copa Libertadores es el corolario de una historia que en 170 páginas relata los caminos de tres valuartes del cuadro albo para llegar a ser campeones en 1991.

5 de junio de 1991 y todo un país celebra un título que era buscado por décadas. Una copa que siempre "se miraba pero no se tocaba" y que gracias a un equipo de fútbol se consiguió al fin: Colo Colo obtenía la preciada Copa Libertadores de América.

En ese plantel, que más que figuras descollantes tenía un equipo bien armado, "aceitado" como dirían los propios protagonistas, había tres hombres fundamentales, dos que levantaron la copa en cancha y uno que por razones del destino, lo hizo desde el banco: Jaime Pizarro, Lizardo Garrido y Raúl Ormeño.

Estos tres puntales del 'campañón' de la Copa Libertadores, una que se jugaba sin duda contra los mejores equipos del continente fueron retratados desde sus inicios en el fútbol, hasta terminar con la final contra Olimpia de Paraguay, por el periodista Axel Pickett en su nuevo libro "Caciques" (editorial Planeta) y sus 170 páginas.

Conversamos con el autor de "Datos Albos" y "Leyenda hay una sola" sobre estos hombres, a los que vio esa tarde del 5 de junio levantar el preciado trofeo, "el mismo día de mi cumpleaños", dice para abrir la conversación.

¿Por qué hablar de estos tres referentes de Colo Colo? ¿Qué te atrajo de sus historias?

Tenía claro la historia que contar. El fútbol siempre ha sido un buen pretexto para hablar de otras cosas. Más allá del triunfo de la Copa, más allá de eso, la idea era contar la historia larga de ese triunfo y para eso yo encontraba que estos tres personajes eran los más indicados para contarla.

Ellos (Pizarro, Garrido y Ormeño) habían crecido de algún modo bajo la sombra del Colo Colo '73, un equipo formado en casa, que vivió momentos de pellejerías y que llegó a lo más alto del fútbol solo con un partido y copa de diferencia.

Me pareció que estos tres eran los caciques, los que mejor podían dar cuenta de esa historia larga entre el año 1972 y el 1991. No es un libro político, pero es la historia de ellos y del equipo durante la dictadura.

Entre estos tres jugadores y su camino para llegar al cuadro albo ¿cuál te pareció más atractivo del punto de vista periodístico?

Son caminos distintos que hablan de motivaciones distintas, pero con un fin único. Sin embargo coinciden en una época en que trabajaron para lograr este título.

Todos tienen cosas importantes: la pasión de Ormeño de haber jugado en Colo Colo. Garrido con la lección de perseverancia a toda prueba, de machacarle al destino. Y Pizarro como el ejemplo del método, la disciplina y racionalidad extrema. En ese sentido las historias que cuentan puede ser atractivas por eso mismo, los múltiples factores que te llevan al éxito, y que pese a ello, cada receta es personal.

¿Alguna anécdota que te haya dejado marcando ocupado?

A Raúl Ormeño, el "Bocón", le decían "el Heidi". Eso me sorprendió.

Estaba entrevistando al "Chano" Garrido y el dice "el Heidi no debió decir esa cosa", y yo pensé que se refería a Pedro González, el único "Heidi" que yo conocía, pero me dice "no, habló de Ormeño", ahí me enteré que le decían así hasta el día de hoy. Lo llama Herrera o Garrido por teléfono y lo saludan como Heidi.

A tu parecer, la Copa Libertadores se obtuvo gracias a estos puntales en el equipo

Es lógico, había que tener 15 compañeros más para obtener la copa, pero ellos destacan el proceso de construcción del plantel, un proceso que inicia Salah en el '86 y termina con Jozic, pero sin duda el ojo de Salah para elegir los jugadores y personas fue fundamental.

Entrando en el área chica

¿Quién para ti es el jugador más grande de Colo Colo?

"Chamaco" Valdés por lejos. Es un personaje lleno de contradicciones, lleno de un talento increíble, de ambiciones, de luces y sombras. Un personaje fascinante, por eso es tan representativo de Colo Colo. Un chileno de a pie. Un tipo normal.

¿Con qué equipo te quedas, el Colo Colo 73 o el Colo Colo 91?

Me quedo con el espíritu colocolino. Me tocó hablar con Chamaco, con Garrido y es eso, el espíritu de estos cabros. Quizás el de 73 era un plantel que estaba por todos lados, en Colo Colo 91 ya son otros tiempos, hay 4 extranjeros, otra institución, era otro mundo. Obviamente el factor político de ese equipo con el sentimiento de construcción de una alternativa chilena era importante. El fuerza garra y corazón es lo bonito.

A quién apunta el libro...

El libro apunta a dejar testimonio de un periodo del fútbol y del país en la visión de tres tipos que tuvieron la oportunidad de destacar y aprovecharla. El libro como dice Cristian Arcos (autor de Bonvallet: Descubriendo la historia del Gurú) , estos no son libros de fútbol, ahora se agotó el libro de los valientes, que es la crónica de un partido y este puede ser de un campeonato, tienen otras lecturas.

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Editorial Planeta, 21/11/2016

Pamela Fidalgo: el sartén por el mango

La alta cocina es un lugar donde hay pocas mujeres. Ellas suelen estar a cargo de los postres, mientras ellos ocupan el cargo de sous-chef. Pamela Fidalgo lo sabe y, pese a eso, ha hecho carrera. Luego de dos décadas en los fogones, la mujer a cargo de Coquinaria, lanza ahora su primer libro de cocina, Cocinemos, con 100 recetas, y aprovecha de repasar su historia. "A lo mejor destaqué en la cocina porque no tengo marido", dice.

Es difícil topársela sin su chaqueta de chef y con el pelo suelto. Al buscar su nombre en Google casi no aparecen fotos de ella sin su uniforme blanco. Es como si Pamela Fidalgo (44) anduviera siempre de cocinera por la vida. Por eso cuando aparece al mediodía de un viernes de octubre en la terraza del Coquinaria de Alonso de Córdova vestida con una elegante camisa y pantalones negros ceñidos al cuerpo, empinada en unos tacos color sandía que hacen juego con su lujosa cartera y su rouge, se roba todas las miradas. En ese momento quedan en evidencia las sesiones de Pilates que practica cuatro veces por semana desde hace 10 años y su lado más pretencioso que camufla el uniforme que lleva usando por más de 20.

Al verla tan guapa sin uniforme, le planteamos que podríamos fotografiarla así en su cocina. “¿Dentro de mi cocina? Por ningún motivo. No sé si mis cocineros alguna vez me han visto vestida de mina. Siempre entro uniformada a la cocina”, alega.

Después de darle una vuelta, y transar algunas cosas, como no fotografiarse en su propia cocina sino en otra y sin sus cocineros, termina aceptando el concepto de la foto, el que sintetiza su propia historia: cómo una mujer se hace un lugar en un territorio donde quienes llevan el sartén por el mango son los hombres.

“El tema de la cocina para la mujer ha sido siempre una lucha de ganarte el respeto de los demás solo por tu habilidad culinaria, no porque eres mina. Porque si una cocinera asciende rápido es porque es buenamoza o porque se metió con alguien. Entonces yo, para hacerme valer, siempre he entrado a la cocina con mi uniforme y me gané mi lugar cocinando rápido, rico y mejor que los hombres”.

Son más de dos décadas las que lleva detrás de los fogones de importantes restoranes y hoteles. Hace nueve años se convirtió en la primera mujer en recibir el premio a la Mejor Chef del Año cuando abrió su segundo restorán Alma, que funcionó por siete años en el Paseo El Mañío, cuando ahí solo había dos restoranes, unas lavanderías y talleres mecánicos. Esto luego de haber sido pionera en hacer comidas clandestinas en Santiago con El Taller, el primer local que abrió a los 26 años en una casa en el Barrio Italia donde partió haciendo servicios de catering a publicistas y cineastas, junto con su socia la actriz Imara Castagnoli, y donde terminaron montando un restorán escondido con 30 sillas que se repletó durante dos años solo con el boca a boca. Tal fue el éxito de El Taller que decidieron buscar inversionistas y se lanzaron a la aventura de abrir Alma en 2004, uno de los restoranes más premiados de la época.

Cuando está dentro de la cocina, cuando los pedidos llegan uno tras otro y el estrés se apodera del ambiente, Pamela Fidalgo nunca ha flaqueado. Se mantiene como siempre: estricta, exigente, ultra detallista, mandona y algo gritona. “Pero ahora mucho menos histericona que cuando partí con mis primeros restoranes. Ahí la presión era muy fuerte, me sentía observada y era mucho más insegura que ahora”, dice. En sus 30 no dejaba que ningún plato saliera de la cocina sin que sus ojos lo vieran. “Me comía el coco si el perejil iba en esta esquina del plato y me lo ponían en la otra, y si ya lo había dicho cuatro veces, a la quinta, tiraba el plato contra la pared para que lo volvieran a montar bien”, recuerda.

Hoy, a la cabeza de los tres restoranes de Coquinaria, tuvo que aprender a soltar. “No podía estar en las tres cocinas a la vez. No me quedó otra que aprender a delegar. Entendí que para trabajar tranquila tengo que confiar en mi equipo y para eso tengo que conocerlo bien, solo así logras una relación de ‘yo voy a dar lo mejor de mí y tú también’. Así me relaciono hoy con mis cocineros”, dice y agrega: “siento que hoy estoy en el lugar que pertenezco, un mercado gourmet, que lo tiene todo: ingredientes y productos de todas partes del mundo. No podría sentirme más identificada en otro lugar”.

En este contexto Pamela Fidalgo acaba de publicar su primer libro Cocinemos (Editorial Planeta). “Lo hice porque ya estoy grande y sentía la inquietud de tener un libro”. Son 100 recetas que fotografió su amigo Gabriel Schkolnick y que diseñó su prima Paola Irazabal de Estudio Pi. Igual que cuando monta sus platos, puso especial hincapié en la visualidad de sus recetas. “Se ven muy sofisticadas pero son simples de hacer. No es un libro sobre algún tipo de cocina, son recetas que me gusta comer y que he ido creando con los sabores que he ido coleccionando en cada cocina, en cada viaje. Lo mismo que he hecho en todos mis restoranes: sabores a mi manera siempre con una fuerte influencia asiática”, dice.

¿Te sentías en deuda por no tener un libro?


Sí. Han sido años muy movidos, con demasiados proyectos paralelos, además de estar a cargo de los tres restoranes, de mis dos hijos, la tele. Ahora era cuando había que hacerlo y resultó ser todo lo que quería.

El libro está dedicado a Mariano Fidalgo, su hermano 10 meses mayor que murió hace 16 años en un accidente de auto en Europa, cuando Pamela tenía 28 años. “Éramos como mellizos, imagínate lo unidos”. Era el hermano del medio entre dos mujeres. “Es lo más terrible que me ha pasado en la vida. Fue horroroso porque cuando mi papá supo le dio un paro cardiaco y cuando le conté a mi mamá se desmayó y se le quebró la rodilla. Entonces tuve que ir sola a buscarlo, sacar su ropa, sus cosas. Fue desgarrador, tengo recuerdos de que me dolía la piel, el cuerpo entero”. Desde entonces que Pamela le prende todos los días una vela a su hermano en un altar que le hizo en una esquina de su pieza. Ahí tiene puesta una foto de él entremedio de una virgen y un buda. Las piedras que hay encima las trajo de Tunquén donde están sus cenizas. “Esta es una pena que se carga para siempre pero también me enseñó que hasta ese momento solo había sufrido por huevadas y me prometí nunca dejar de ser feliz por algo que no valga la pena y hoy por lo único que vale la pena llorar es la pérdida de mi hermano”.

Criar en la cocina

Estudió Cocina en el Inacap donde fue compañera de Carlo von Mühlenbrock. “Él era el mateo, un maniático desde chico y yo, la desordenada. Es que me aburría porque partí muy chica cocinando en mi casa”. El gusto por la buena mesa siempre fue tema en su familia: padre de ascendencia española y madre de tradición italiana. “Además, como era virtuosa para la cocina, me salía fácil. Tengo mucha habilidad con las manos. Yo podría ser una artesana de cualquier cosa”, dice. Decidió estudiar Cocina porque quería una carrera versátil, que no fuera muy larga y que le permitiera viajar. “Quería poder llegar a cualquier lugar y validarme solo con mis manitos”. A los 20 años partió a estudiar al Culinary de Nueva York y sus prácticas las hizo en Asia, donde se quedó por casi dos años. “Allá me rayé con los sabores tailandeses, japoneses, vietnamitas. Asia marcó mi forma de pensar y mi forma de hacer cocina para siempre”.

Entre estos viajes, cuando estaba en Chile y tenía 21 años, Pamela se enamoró y se quedó embarazada de su primer hijo, Tomás (22). “Fue heavy porque estás creciendo, estás haciendo carrera y te toca criar. Dije: ‘¿qué hago ahora?’. Y metí a la guagua en mi mochila. Tomy se convirtió en mi motor de vida y mi compañero en todo este recorrido”. Reconoce que al principio fue duro. Los turnos eran tan largos que cuando llegaba a su casa mojaba un algodón y se lo ponía en la cara a su hijo para que supiera que había llegado. “En esa época era la presidenta del club de la culpa. Y me duró por muchos años el cargo. Pero Tomy resultó ser un niño tan bueno que no se me hizo difícil ser su mamá. Él se acomodó entre el mesón de la cocina y las ollas”, cuenta. 13 años después se enamoró del padre de su segundo hijo, Mariano (9), quien nació en el peak de su carrera, cuando la crítica aplaudía su restorán Alma. Igual que con su primer hijo, no se tomó ni prenatal ni postnatal, a los 20 días estaba de vuelta en la cocina. “Igual les di leche por 10 meses. Tenía un saca-leche estupendo y me organanizaba como fuera”, cuenta y agrega: “a veces se me perdía el coche y preguntaba: ‘¿alguien ha visto mi guagua?’. Y me respondían sí, está en la bodega de abarrotes, y ahí estaba el guatón”.

Después de seis exitosos años comandando la cocina de Alma, el último año el negocio se fue a pique. “Era mi primer porrazo económico. No éramos buenas para la administración. Todo lo que habíamos ganado en 10 años, entre El Taller y Alma, lo perdimos en el último año y tuvimos que cerrar”, cuenta. Como siempre, llamó al Hotel Hyatt y la recibieron con los brazos abiertos para que se hiciera cargo de su cocina y del restorán Senso por dos años. El Hyatt es donde Pamela partió su carrera y es el lugar adonde ha vuelto cada vez que se queda sin pega. “Es como la casa de los papás”.

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