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María Urruzola P.

María Urruzola P.

María Urruzola (1954). Es periodista. Tiene doble nacionalidad: uruguaya y española. Fue refugiada política durante diez años en Francia, donde comenzó su carrera en la agencia de noticias afp, en el servicio para América Latina.

Tiene dos hijos y tres nietos. Tras el regreso a Uruguay en 1985, trabajó durante catorce años en el semanario Brecha, y se especializó en periodismo de investigación y político. Colaboró en múltiples publicaciones nacionales y extranjeras, en espacios radiales y en programas de televisión. También hizo periodismo digital en el portal Montevideo.com y en la revista Antílope de Chile.

Fue docente de la Escuela de Cine (ecu) de Cinemateca, en el área de investigación para documental. Su primer libro El huevo de la serpiente (1992-2016), es una investigación periodística novelada y fue llevada al cine (En la puta vida, 2001).

También fue llevado al cine un artículo suyo, Solo una mujer (1988), como La historia casi verdadera de Pepita la Pistolera (1993).

Entre 2017 y 2013 fue directora de Información y Comunicación del Ministerio de Desarrollo Social y luego directora de Información y Comunicación de la Intendencia de Montevideo.

En 2015 publicó su primera novela, El silencio. En 2017 publicó la investigación periodística Eleuterio Fernández Huidobro, sin remordimientos y en 2019 una nueva investigación De la gestalt a la secta, todos publicados por Editorial Planeta.

Julio María Sanguinetti. Ante el tribunal de la historia
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Sinopsis de Julio María Sanguinetti. Ante el tribunal de la historia

Frente un hombre que ubica «en el principio» de la caída de las instituciones uruguayas a Cuba, Fidel y el Che, es ineludible preguntarse dónde estaba él en aquellos años y qué hizo para sostener —o dejar caer— a esas instituciones como ministro de Industria y Comercio, primero, como ministro de Educación y Cultura, después, y siendo uno de los dirigentes clave del Partido Colorado.

El dilema de la historia reciente de Uruguay no es entre la memoria y el olvido, sino entre la verdad y la mentira. Y no es asunto de interpretación: los meros hechos muestran que Sanguinetti creía en el papel preponderante de las Fuerzas Armadas, y aún en diciembre de 1972 —dos meses antes del famoso febrero amargo— afirmaba que entre el poder político y el poder militar existía «una identidad de poderes» para la defensa de la soberanía, y que «con ese espíritu» podrían las Fuerzas Armadas «caminar confiadas en su futuro, y así como supieron luchar y triunfar frente a la sedición también sabrán colaborar con el país para el logro de muchos objetivos nacionales».

A tal punto le parecía que existía una identidad de poderes que en agosto de 1973, ya disuelto el Parlamento sometido el aparato de Estado escribía en el diario La Opinión de Buenos Aires que no era momento de «juzgar», sino de analizar, que tal vez Bordaberry todavía podía encontrarle un rumbo económico a la nueva situación.

Frente un hombre que ubica «en el principio» de la caída de las instituciones uruguayas a Cuba, Fidel y el Che, es ineludible preguntarse dónde estaba él en aquellos años y qué hizo para sostener —o dejar caer— a esas instituciones como ministro de Industria y Comercio, primero, como ministro de Educación y Cultura, después, y siendo uno de los dirigentes clave del Partido Colorado.

El dilema de la historia reciente de Uruguay no es entre la memoria y el olvido, sino entre la verdad y la mentira. Y no es asunto de interpretación: los meros hechos muestran que Sanguinetti creía en el papel preponderante de las Fuerzas Armadas, y aún en diciembre de 1972 —dos meses antes del famoso febrero amargo— afirmaba que entre el poder político y el poder militar existía «una identidad de poderes» para la defensa de la soberanía, y que «con ese espíritu» podrían las Fuerzas Armadas «caminar confiadas en su futuro, y así como supieron luchar y triunfar frente a la sedición también sabrán colaborar con el país para el logro de muchos objetivos nacionales».

A tal punto le parecía que existía una identidad de poderes que en agosto de 1973, ya disuelto el Parlamento sometido el aparato de Estado escribía en el diario La Opinión de Buenos Aires que no era momento de «juzgar», sino de analizar, que tal vez Bordaberry todavía podía encontrarle un rumbo económico a la nueva situación.

Bibliografía de María Urruzola P.

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